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TUTANKHAMÓN Y LA EDAD DE ORO DE LOS
FARAONES
EXPOSICIÓN EN LONDRES
Nacho Ares
Publicado en Revista de Arqueología nº 320 en diciembre de 2007.
El
15 de noviembre de 2007 se inauguró en la Cúpula del Milenio
de Londres la exposición “Tutankhamón y la edad de oro
de los faraones”. La última vez que el Faraón Niño
visitó la capital inglesa fue en el año 1972. Más de
un millón de personas se acercó en aquella ocasión
al Museo Británico para disfrutar de la máscara de Tutankhamón.
En esta ocasión no está la máscara, sino casi 130 piezas
de la dinastía XVIII, la mitad de ellas del tesoro de Tutankhamón.
Pocos días antes de su inauguración ya se habían vendido
por Internet más de 325.000 entradas.
El 4 de noviembre de 1922 tenía lugar el descubrimiento más
importante de la historia de la arqueología. Realmente es un tema
manido, pero la riqueza del tesoro de la tumba de Tutankhamón, descubierta
prácticamente intacta en el Valle de los Reyes de Luxor en esa fecha
de hace 85 años, permite hacer casi todo. No es difícil que
con una simple vuelta de tuerca, en el sentido que sea, nos encontremos
ante una oferta nueva, original, ingeniosa y que, como sucede con todo lo
que rodea al antiguo Egipto, convierte lo que toca en oro. Quizá
esta expresión tenga, en el caso de Tutankhamón, un significado
muy especial. Millones de personas en todo el mundo ya se han visto fascinadas
por los tesoros de Tutankhamón, sometidos a un nuevo tour, como si
fuera una gran estrella de la música pop, por varios países
europeos y ciudades de Estados Unidos. Esta nueva gira se asemeja mucho
a la que entre 1961 y 1981 los principales tesoros de Tutankhamón
realizaron por Estados Unidos, Japón, Alemania, Inglaterra, Francia,
Canadá o la Antigua Unión Soviética. En aquella ocasión,
algunos objetos, como la máscara, sufrieron daños, lo que
ha obligado a las autoridades egipcias a no volver a sacar de su país
las piezas más preciosas. Esto es, la máscara de oro, los
ataúdes que se conservan en el Museo de El Cairo, el trono y otras
piezas representativas que hace casi 40 años emprendieron un interminable
tour por todo el orbe.
Sin embargo, los modernos métodos de embalaje, una organización
extraordinaria y, sobre todo, el trabajo de un nutrido equipo de especialistas
ha permitido que algunas piezas clave como uno de los vasos canopos del
faraón o la corona que cubría su momia, puedan ser disfrutados
por todo el mundo. Uno de los vasos canopos de oro del rey, el famosísimo
maniquí de Tutankhamón, la corona que cubría la cabeza
de la momia, muebles, y objetos rituales descubiertos por Carter en su tumba,
bien merecen una exposición de estas características. Además,
la muestra se completa con más d medio centenar de objetos de la
familia de Tutankhamón, algunos de ellos tan preciosos como el ataúd
y la máscara de cartonaje dorado de Tuya.
Un nuevo trasfondo histórico
Tutankhamón fue el penúltimo faraón de la XVIII dinastía
de Egipto. Reinó entre los años 1333 y 1323, subiendo al trono
con apenas 10 años. Poco después debió de fallecer
a la temprana edad de 19 en una situación más o menos controvertida
que todavía no ha quedado del todo clara.
Su subida al trono se llevó a cabo poco después de la desaparición
de Amenofis IV,
más
conocido como Akhenatón, el Faraón Hereje que quiso aglutinar
el culto religioso en un solo dios, el disco solar Atón, generando
con ello un cisma sin precedentes en la historia del Valle del Nilo. Tutankhamón
estaba casado con Ankhesenamón, una de las hijas de Akhenatón.
Sobre el origen de este misterioso faraón poco sabemos. La mayor
parte de los expertos están de acuerdo en admitir que se trataba
de un hijo de Amenofis IV, Akhenatón y de una esposa secundaria llamada
Kiya. Sin embargo, también es posible que fuera hijo de Amenofis
III, el padre del anterior y, por lo tanto, hermano de Amenofis IV, Akhenatón.
Casi nada se sabía de él hasta que su tumba fue encontrada
intacta en 1922 por el arqueólogo inglés Howard Carter, bajo
el auspicio y mecenazgo de Lord Carnarvon. La exposición de Londres
no es una simple muestra de tesoros. Hay un marcado hilo conductor que nos
acerca a conocer la vida de Tutankhamón y el entorno en ocasiones
convulso que rodeó a este faraón. De todo ello trata la exposición
de “Tutankhamón y la edad de oro de los faraones”.
“Tutankhamun and the Golden Age of the Pharaohs”, nombre original
de la exposición, pretende superar los 1,6 millones de personas que
disfrutaron entre marzo y diciembre de 1972 de la anterior exposición
en Londres. Y parece que lo van a conseguir. Pocas horas antes de abrirse
oficialmente al público el pasado 15 de noviembre, ya se habían
vendido a través de Internet casi 325 mil entradas.
En aquella ocasión, hace más de tres décadas, la exposición
de Tutankhamón solamente ofrecía una visión concreta
de los tesoros de la tumba. La exposición nueva es quizás
menos ambiciosa en cuanto a la espectacularidad de las piezas, sin menospreciar
en absoluto el valor artístico y arqueológico de las mismas,
pero más acorde con la idea moderna de una exposición. Se
ha querido ofrecer una panorámica más extensa del período
histórico en el que se desarrolló el faraón Tutankhamón,
la XVIII dinastía de la historia de Egipto, entre los años
1333 y 1323, añadiendo para ello objetos de la familia real de la
que procedía el llamado Faraón Niño.
Recorrido por la primera planta
En una sala completamente oscura, una proyección de vídeo
nos adentra en el mundo de Tutankhamón. Es la primera galería,
llamada el teatro. En 90 segundos, el popular actor egipcio Omar Sharif,
introduce al espectador en esa realidad arqueológica repleta de traiciones
y sueños que culminan en el magnífico descubrimiento de 1922.
Acabado este breve vídeo, se abre una cortina que nos separa de la
primera pieza de la exposición. En una urna de cristal, perfectamente
iluminada y con una música ambiental que nos acompañará
durante todo el recorrido, vemos a Tutankhamón en una escultura de
granito negro descubierta en el templo de Karnak. Es la primera imagen del
joven rey que nos aproxima a cómo debió de haber sido el rostro
de este faraón.
La segunda galería de la exposición “Tutankhamón
y la edad de oro de los faraones”, compuesta por dos salas, introduce
al visitante en los ancestros que precedieron en el trono de las dos tierras
al Faraón Niño. Su primera sala, que cuenta con un fondo fotográfico
de las columnas de Amenofis III del templo de Luxor, es una sala amplia
que acoge varias vitrinas con representaciones de los ancestros del rey.
En cuatro espacios expositivos podemos ver a Tutmosis IV con su madre, a
la reina Nefertiti, la reina Tiyi, esposa de Amenofis III, y éste
mismo; ellos son algunos de los protagonistas de la primera parte de esta
segunda galería. En la pared, un enorme cartel nos describe de manera
muy didáctica el árbol genealógico la familia de Tutankhamón,
desde Amenofis II hasta el propio Tutankhamón, la mayor parte de
ellas ilustradas con fotografías de las piezas que se pueden ver
en la exposición.
Un poco más allá se encuentra la segunda habitación
de esta segunda galería. Está dedicada a la vida cotidiana
en la época del Faraón Niño, durante la segunda mitad
de la dinastía XVIII. Con un fondo fotográfico de la tumba
de Rekhmira en Luxor, muchos de los objetos proceden de las tumbas reales
del Valle de los Reyes, y fueron utilizados en vida por sus propietarios.
Otros, en cambio, se fabricaron específicamente para su uso ritual
en la tumba.
La tercera
galería está dedicada a la religión tradicional, esto
es la que existió durante toda la historia de Egipto y que solamente
cuenta con un pequeño paréntesis en el período de Amarna,
el protagonizado por Amenofis IV, Akhenatón. En esta habitación,
las esculturas muestran la importancia de los cientos de dioses que había
en Egipto en este período, así como las numerosas formas que
podían adoptar. Vasos, amuletos y pequeñas figurillas votivas,
como los ushebtis, relacionadas con las creencias, la piedad personal y
los rituales religiosos, nos acercan a la realidad de las convicciones religiosas
en ese período antes y después de la muerte. Amón,
Mut, o Sekhmet son algunas de las representaciones que podemos ver en las
vitrinas de esta galería junto a representaciones de dioses no tan
conocidos, como una magnífica figura de madera de una diosa serpiente
alada, del reinado de Amenofis II descubierta por Víctor Loret en
su tumba del Valle en el año 1898.
Uno de los aspectos más conocidos de la cultura egipcia se trata
en la cuarta galería de la exposición. Dedicada a la muerte,
el enterramiento y la vida en el Más Allá, esta galería
que cuenta con una única sala posee algunas de las piezas estrella
de la exposición. Cambia la luz y la música. Todo se vuelve
oscuro y solamente brilla el oro de los tesoros que hay allí expuestos.
Sobre las paredes se proyectan pasajes del Libro del Amduat, el texto sagrado
de los egipcios que en la XVIII dinastía en el que se describía
el viaje del difunto vinculado con el dios sol Ra, por las doce horas de
la noche.
En el centro de la galería brilla con luz propia el sarcófago
de Tuya, la madre de la reina Tiyi, esposa de Amenofis III, a quien vimos
en una pequeña cabeza en la segunda galería. Muchos de los
otros objetos expuestos en esta enorme habitación proceden de la
tumba de Yuya y Tuya, descubierta a principios del siglo XX en el Valle
de los Reyes. Casi junto a la entrada de la sala una vitrina nos ofrece
la magnífica máscara de cartonaje dorado de esta misma mujer,
Tuya, uno de los ejemplos más espectaculares del refinamiento del
arte funerario de este período de la dinastía XVIII, uno de
los más exclusivos de la historia de Egipto. Junto a ellas, otras
vitrinas presentan más objetos de esta tumba. Una silla ricamente
decorada u objetos de fayenza y de madera destinados al culto, seguramente
atraparán el interés del visitante.
La quinta galería está destinada a proyectar la realidad religiosa
que rodeó al reinado del faraón Amenofis IV, Akhenatón.
La atmósfera reconstruye el aspecto de un templo egipcio. Una galería
de columnas de capitel papiriforme nos lleva hasta la cabeza de un coloso
de Akhenatón.
Seguidamente, la segunda habitación de esta quinta galería
nos ofrece detalles del culto religioso del período de Amarna. Un
ushebti de este rey, un relieve de la reina Nefertiti y otro en el que aparece
la familia real salpicada por los vivificantes rayos del nuevo disco solar,
proporcionan al visitante una idea muy aproximada no solamente del cambio
artístico sufrido, sino también, del ideológico.
En la galería sexta solamente encontramos una pieza. Bajo un epígrafe
en letras doradas en el que se lee “Tutankhamón, rey de Egipto”,
se nos presenta gloriosa una de las efigies más conocidas del joven
rey que sucedió en el trono a Akhenatón. El maniquí
del Faraón Niño, descubierto por Howard Carter en la antecámara
de la tumba, junto a los carros desmontados, es una de las joyas de la exposición.
Nos sirve de cinta inaugural para descubrir los tesoros aparecidos en su
tumba del Valle de los Reyes hace ahora 85 años.
La galería siete, dedicada a la vida cotidiana de Tutankhamón,
exhibe algunos de los objetos que él mismo usó en vida y que
quiso conservar para la eternidad en su sepulcro. Su belleza, la calidad
del diseño, los perfectos acabados y la riqueza de los materiales
empleados en su elaboración nos hablan de la extraordinaria riqueza
que los gobernantes de la XVIII dinastía. La diminuta silla de ébano,
empleada por Tutankhamón cuando todavía era un niño,
el estuche de madera dorada para espejo en forma de cruz de la vida ankh,
los recipientes de alabastro para sus preciados cosméticos o un elegante
tablero de juego senet, son algunos de los objetos que se pueden ver en
esta sala.
Bajada al subterráneo de la
tumba
A modo de homenaje a su descubridor, el inglés Howard Carter, la
exposición londinense cuenta con un añadido especial dedicado
a las imágenes tomadas in situ, muchas de ellas del fotógrafo
de la misión, Harry Burton. Para llegar hasta allí, acercándonos
al momento del descubrimiento de la tumba, tenemos que descender al piso
inferior de la exposición. Allí la galería ocho, llamada
el descubrimiento de la tumba de Tutankhamón. Howard Carter y Lord
Carnarvon, presenta grandes paneles con fotografías de este sensacional
momento, cómo lo vieron los medios de comunicación de la época,
y un metraje de los trabajos realizados en la tumba del Faraón Niño.
La siguiente galería, la número nueve, Tutankhamón,
rey de Egipto, enfoca sus piezas en el papel del muchacho como faraón.
Dos estatuas doradas lo representan como Rey del alto y del Bajo Egipto,
cada una de ellas coronada con su tocado correspondiente. La segunda habitación
de esta galería cuenta con algunas de las piezas más conocidas
de la exposición. Su posición como Jefe del Estado queda patente
por medio de los cetros y los collares de coronación, todos ellos
de oro, que acompañan a estas dos espléndidas figuras. Hay
que destacar la presencia de una magnífica colección de esculturas
doradas en las que se ve a Tutankhamón enfundado en la pose de varios
dioses, lo que le señala como alto sacerdote de todas las divinidades.
Además, aquí podemos ver la famosa capilla descubierta en
la antecámara sobre cuyas paredes cubiertas con láminas de
oro se grabaron en delicados relieves algunas de las escenas más
conocidas de la vida de Tutankhamón junto a su esposa Ankhesenamón,
como escenas de caza o del tocado personal. Dos trompetas, un sistro de
oro, una silla de tijera con delicados diseños animalísticos,
o la cabeza de uno de los cuatro huecos de su urna de alabastro destinada
a recoger sus entrañas momificadas, son otras de las piezas estrella
de esta sala.
Seguidamente se da paso a la galería diez. En ella solamente podemos
ver una pieza: el pequeño vaso canopo de madera dorada de casi 40
centímetros de altura en el que se contenía el hígado
momificado del rey. Una magnífica pieza que justifica la soledad
y la iluminación casi mágica de esta habitación. Tras
ella, dos pantallas de vídeo nos ofrecen imágenes de la pieza
en movimiento.
Finalmente llegamos a la galería once, la momia depositada en la
cámara funeraria.
Esta galería reproduce la atmósfera y el ambiente de la única
cámara de la tumba que quedaba relativamente intacta; aquélla
en la que se encontró la momia del joven rey. La habitación
tiene las mismas medidas que la cámara funeraria original. Sobre
el suelo, en una superficie de corcho, está marcada la posición
de las diferentes capillas que rodeaban al sarcófago de cuarcita
en el que estaban los tres ataúdes antropomorfos que cubrían
a la momia. Una proyección de ésta queda en el centro de la
misma habitación, sobre una mesa en la que se proyecta una imagen
de la propia momia. Allí se van colocando los objetos de oro que
rodean a la mesa. A su alrededor, literalmente, flotan cinco de los objetos
de oro depositados sobre la momia. Al pie de la momia está la corona
que portaba en la cabeza. Está decorada con la imagen de la cobra
y el buitre, símbolos del Alto y el Bajo Egipto. No lejos de allí
podemos ver un pectoral de oro, uno de los cuchillos descubiertos en la
tumba que descansaba entre las vendas de la momia y la figura de una cobra.
La última galería de la exposición “Tutankhamón
y la edad de oro de los faraones”, la galería doce, está
dedicada a los trabajos realizados por National Geographic en relación
a la momia de Tutankhamón. Varios paneles con pantallas de vídeo
y fotografías explican el estado actual de las informaciones sobre
las causas de la muerte del joven rey. Una pantalla gigante repite continuamente
el reciente las imágenes que en directo ofreció la BBC británica,
sobre la colocación de la momia de Tutankhamón en la antecámara
de su tumba, en una urna acondicionada perfectamente y que salvaguarda su
conservación.
A modo de curiosidad hay que destacar la presencia de un cráneo de
bronce, réplica del de Tutankhamón, que tantos quebraderos
de cabeza ha desatado en las últimas décadas.
Como no podía ser de otra forma, no se puede uno marchar de la exposición
sin haber pasado antes por la tienda. Entre los consabidos libros de Tutankhamón
existentes en el mercado, además, podemos encontrar toda clase de
merchandising relacionado con la figura del Faraón Niño, llaveros,
bolígrafos, un Monopoly, bolas para el árbol de Navidad, caleidoscopios,
pañuelos de papel y todo aquello que no pueda imaginar.
La exposición estará abierta en la Cúpula del Milenio
de Londres hasta el 30 de agosto de 2008. Antes de que vuelva a Estados
Unidos, tenemos más de ocho meses para poder disfrutar de esta ocasión
inigualable que nos ofrece “Tutankhamón y la edad de oro de
los faraones”.
Dónde ver la exposición
“Tutankhamón y la edad de oro de los faraones” puede
verse hasta el 30 de agosto de 2008 en el O2 de Londres (Greenwich), dentro
del recinto llamado la Cúpula del Milenio. Se trata de la primera
exposición que tiene lugar en este enclave supraespectacular, inaugurado
ahora hace tres meses. Las más de 130 piezas de la exposición
se muestran en un recinto de casi 6.500 metros cuadrados.
La manera más rápida y cómoda de hacerse con las entradas
es por medio de Internet. La dirección es www.visitlondon.com/tut
o llamando al 00-44- 08448440003. También se pueden comprar las entradas
en las taquillas del O2, aunque las colas no son recomendables.
© Nacho Ares 2008