¿Por qué comenzaste a interesarte por la figura
del príncipe de
Éboli? ¿Cómo llegaste a él?
Fue un guante que amablemente me lanzó Carlos Clemente San
Román, el arquitecto restaurador del Palacio Ducal de los Eboli,
en Pastrana. Guante que recogí, y muy gustoso le devolví
junto con esta novela sobre Ruy Gómez de Silva.
Muchos años estuvo Carlos restaurando ese magnífico
palacio y oyendo los “susurros” de Ruy. Sólo tuvo
que transmitirme su experiencia y su propuesta, y caí rendido
al ofrecimiento. También fue un enorme aliciente el entusiasmo
y apoyo de Juan Pablo Sánchez Sánchez–Seco, el
Alcalde de Pastrana, muy sensible a propuestas histórico–literarias
como ésta. A ello, por supuesto, contribuyó mi interés
por la Historia y la Gloria de la España Imperial. Todo ello
contribuyó a crear un cóctel mágico que me emborrachó
de interés por el personaje al primer sorbo.
¿Tenías al principio la idea generalizada de
doña Ana de Mendoza como una mujer frívola y a medida
que profundizaste en la figura de Ruy cambiaste de opinión,
o desde un principio sabías que no debió de ser tan
pérfida como la pinta la Historia?
Yo me he centrado básicamente en la figura de Ana de Mendoza
mientras compartió su vida con su esposo Ruy. Siempre tuve
la intuición de que era un personaje maltratado por la Historia,
y me llevé una grata sorpresa al comprobar en mis investigaciones
que estaba ante una esposa y madre ejemplar. Creo que la “Leyenda
Negra” salpicó de lleno a esta mujer, desdibujando su
vida, y afectando gravemente a la memoria de su esposo. Ella era una
Mendoza, con una infancia bastante traumática, pero los años
de convivencia en común dieron a Ruy Gómez de Silva
una “paz y felicidad doméstica” que sustentaba
firmemente su visión del Imperio.
¿Cómo ves el papel de “bálsamo”
por parte de Ruy en las locuras de su esposa?
Los temperamentos de ambos esposos eran muy distintos, así
como sus orígenes, pero hicieron virtud de la unión
de estas diferencias; se equilibraron, se amaron y fueron muy felices.
Un hombre que es capaz de poner paz y armonía en su hogar,
puede afrontar con mayor éxito otras empresas, incluido el
gobierno del Imperio, que otros que se frustran y ahogan en desavenencias
y desgarros familiares.
Tu novela es casi una biografía. ¿Qué
cosas nuevas aporta a la historiografía de este importante
secretario?
Su visión del Imperio. Sus sueños. Sus ideales. También
sus temores y traumas. El príncipe de Eboli representa el cenit
de nuestro Imperio, sustentado sobre la visionaria política
de los Reyes Católicos. Tras él, todo se empezó
a desmoronar. Sin él, nos empequeñecimos. No soy una
eminencia literaria ni histórica, pero este es mi aporte personal
a una profunda investigación y reflexión que pretende
localizar las causas de la Decadencia. Un sincero análisis
de conciencia de nuestro gran fracaso contado en primera persona por
el propio Ruy.
Tú tienes el mérito de haber dado el pistoletazo
de salida sobre una línea de investigación de la que
no se había dicho nada en España, por desgracia. Cómo
ves que no se haya traducido, por ejemplo, la excelente biografía
de James Mark Boyden (The Courtier and the King. Ruy Gómez
de Silva, Philip II, and the Court of Spain). ¿Qué crees
que queda por decir de Ruy Gómez?
De Ruy Gómez de Silva queda por decir e investigar mucho. Yo
he escrito una novela histórica, he hilado la que creo que
fue su vida, con los aspectos que considero más destacados.
Pero estoy seguro que dada su trascendencia histórica y su
poder político, un solo día de la vida de Ruy daría
para escribir más de un libro. Mi enorme satisfacción
es la de haber recuperado a este personaje del trastero de nuestra
Historia. El libro de Boyden es un pozo sin fondo, pero debe ser pulido.
Abre líneas de investigación fascinantes. Es un punto
de partida ideal. Sinceramente creo que este hombre debería
estar, junto con otros que posteriormente mencionaré, en la
Real Academia de la Historia, para transmitir a nuestras “lumbreras”
las enormes vetas históricas que han descubierto.
¿Qué documentación empleaste para realizar
la novela? ¿Te costó encontrarla?
Fue una tarea ardua pero muy gratificante. Algunas de las claves más
importantes de mi libro están en la abundante correspondencia
entre dignatarios del Imperio y los informes de los embajadores en
España de las repúblicas de Venecia y Génova,
de entre los que destacaría el Archivo de la familia genovesa
de los Doria. Han sido también fuentes de inspiración
los libros de Ricardo de la Cierva que abarcan el siglo XVI, como
por ejemplo su soberbia biografía Yo, Felipe II y su monumental
Historia Total de España, la biografía de El Gran Duque
de Alba, de Henry Kamen, Éboli, de Nacho Ares, Historia de
Pastrana de Mariano Pérez y Cuenca, y el Boyden mencionado,
entre muchos otros.
¿Realizaste viajes para ambientarte en los sitios
en donde estuvo Ruy?
Estuve en Pastrana varias veces, alimentándome de los “susurros”
de los Éboli. Hay que ir a Pastrana, ver esa maravilla de nuestro
mejor pasado, y enamorarse de su atmósfera y de su magia. Uno
sentía como si al girar una esquina de sus calles se fuera
a encontrar de golpe a los Éboli. Pastrana es el gran legado
que nos dejaron; su último sueño. Es un municipio y
unas gentes marcadas maravillosamente por los príncipes. Es
un paraíso. También Alcalá de Henares y Guadalajara,
con su soberbio Palacio del Infantado, son lugares ebolistas por excelencia.
Y por supuesto el Madrid de los Austrias. Me queda por visitar La
Chamusca, en Portugal, donde iré pronto, y la villa de Éboli,
en Italia, para más adelante.
¿Qué es lo que desconocías del personaje
y te ha impresionado más?
Lo desconocía casi todo del personaje. Y lo que más
me ha impresionado es su dignidad, su sentido del deber y de la fidelidad,
su visión de Estado, y su sosiego para afrontar sus enormes
responsabilidades. En cuanto a esto último, para mí
clave, destacaría que Ruy no sólo fue, como le llamó
Carlos V, “El oráculo de Felipe II”, sino que también
venía a representar la confianza en sí mismo del Imperio.
Su apuesta fue la Paz Interior y cuando hubo que afrontar la violenta
hostilidad francesa y turca, Ruy nos dio el impulso preciso para vencer
sin temor al fracaso. Yo mismo he madurado mucho con este libro. Antes
era un partidario acérrimo del duque de Alba, un “albista
convencido”. Ahora siento un gran respeto por esta figura y
su valor, pero creo sinceramente que la visión de Éboli
era de una potencialidad y dinamismo muy superior a la de su contrincante.
¿Tienes pensado hacer más presentaciones del
libro en otros lugares?
Esto no acaba más que empezar. Tengo ya cerradas presentaciones
en Madrid, Guadalajara, Alcalá de Henares, Las Rozas y Málaga.
Iré también seguramente a La Chamusca, localidad portuguesa
donde nació Ruy, y sueño con pisar Éboli, en
Italia. Iré allí donde me reclamen y tengan verdadero
interés.
¿Cómo ha recibido la comunidad portuguesa tu
libro?
Con asombro, pero también con enorme expectación y curiosidad.
Creo que no ha existido en toda la Historia un portugués con
tanto poder como Ruy. Para ellos va a ser un descubrimiento, mucho
más que para mí. Don Sergio Morais, Alcalde de La Chamusca,
tuvo una presencia y participación activa en la presentación
de la novela en Pastrana. Me he reunido ya varias veces con el Agregado
Cultural de la Embajada de Portugal en España, don Joao de
Mello, y estoy seguro que vamos a hacer grandes cosas juntos. Este
personaje y mi libro hermanan aún más a Portugal y España,
y ello me hace muy feliz.
¿Cuáles son tus próximos proyectos editoriales?
Lo mío son “Los Almogávares”. El príncipe
de Éboli ha sido sólo un paréntesis en mis investigaciones
medievales. Me ha pasado lo mismo que a Nacho Ares con la princesa
de Éboli, al salirse de su ruta egiptológica. Creo que
ambos nos hemos oxigenado con los Éboli, para abordar con nuevos
bríos nuestra actual vocación histórico–literaria.
Pasada esta excedencia ebolista tan gratificante, volveré con
la Hueste Almogávar a realizar nuevas cabalgadas, razzias e
incursiones por nuestra maravillosa Historia.

© Nacho Ares 2007