
De
las ilustres familias Vela y Quiroga, sobrino de Vasco de Quiroga, nació
el 13 de enero de 1512 en Madrigal de las Altas Torres, Ávila.
Hombre singular que alcanzó los más altos honores eclesiásticos
y cuya humildad impidió que ejerciera el supremo poder político.
Tras estudiar en el colegio de Oviedo en Salamanca, donde alcanzó
doctorado y cátedra, en 1540 fue nombrado vicario general de
Alcalá de Henares. En 1546 viajó a Roma para ocuparse
del cargo de auditor de la Rota, donde fue apreciado por el Papa Paulo
IV. Felipe II le encomendó, en 1559, la visita del reino de Nápoles
y de todas las provincias con todas las facultades. Cuatro años
después regresó a Barcelona y el rey le recompensó
por su labor dándole una plaza del Supremo Consejo de Justicia,
con la de la Santa General Inquisición. Tras varios años
de servir al rey en las más difíciles misiones, el 20
de abril de 1573 se posesionó del cargo de Inquisidor General
y entró a formar parte del Consejo de Estado, encargándole
el monarca la superintendencia de las juntas. Desde este cargo reformó
el convento agustino de Extramuros de Madrigal y lo favoreció
con obras pías; liberó a Fray Luis de León de su
prisión; convocó sínodos, bautizó a príncipes
y fue nombrado arzobispo de Toledo. En 1578, el Papa Gregorio X, a instancias
del rey, le nombró cardenal. Falleció el 20 de noviembre
de 1595
Gaspar de Quiroga siempre actuó como firme defensor de la
figura de la princesa de Éboli. Con ella y con sus hijos le
unía una relación excepcional al haber estado vinculado
el cardenal al llamado partido "pacifista" de Éboli
que lideraba Ruy Gómez de Silva, frente
a los partidarios de una política más violenta que seguían
al duque de Alba. Intercedió ante Felipe
II para que tanto doña Ana como sus hijos abandoranan la
torre de Pinto primero y el castillo de Santorcaz después,
lugares que sirvieron de prisión a la princesa durante los
primeros años de cautiverio, para poder regresar a su palacio
ducal de Pastrana y disfrutar así de unas condiciones que no
perjudicaran su salud.
Esta relación tan cercana entre el cardenal y la princesa se
plasmó en la novela de Kate O'brien Esa
Dama, de forma que aparecían en la obra como tío
y sobrina, cosa que nada tiene que ver con la realidad histórica
de la pareja.
Del cardenal conservamos un retrato de 64 por 51 cm, óleo sobre
tela, fechado en 1594 y atribuido generalmente a El Greco. Como sucede
con tantas obras de este período, como es el caso del supuesto
retrato del mismo pintor realizado a Juan
de Escobedo en 1571, la obra está hoy totalmente desaparecida.
Seguramente se conserva en alguna colección privada.
En ella los antiguos catálogos hablan de que se podía
leer la inscripción "D. Gaspar de Quiroga. Fundador de
este refujio" de lo que se deduce que pudo estar originalmente
en el colegio de Santa Úrsula de Toledo. Después de
pasar por la colección Böhler de Munich, el cuadro desapareció.
Sí conservamos, por el contrario este retrato (arriba) que
de él hay en la sala capitular de la catedral de Toledo en
el que porta la mitra y los símbolos propios cardenalicios.
Fuente:
http://www.centrocisneros.uah.es/galpersons.asp?pag=personajes&id=149
VV. AA., La obra pictórica de El Greco, Planeta, Barcelona
1988.