El castillo construido por Alonso de Covarrubias, llamado palacio
ducal de Pastrana, al servir definitivamente como lugar de resindecia
de los príncipes de Éboli, duques de la misma villa
alcarreña, es el centro neurálgico de la vida de doña
Ana de Mendoza. Pincha en este enlace para ver un vídeo
de casi 4 minutos del interior del palacio de los príncipes
de Éboli.
Su construcción empieza en 1542 siguiendo las trazas del arquitecto
toledano, el mencionado Alonso de Covarrubias. El encargo corre de
la mano de Ana de la Cerda, abuela de la Princesa. Tras solventar
los primeros problemas, ya que los vecinos protestaron al estar prohibido
levantar una fortaleza junto a los muros de una villa, la construcción
del palacio ducal prosiguió aunque nunca llegó a finalizarse
de forma definitiva. Fue habitado circunstancialmente por los herederos
de la Princesa y tanto el palacio como los espacios que se abrían
a su alrededor, especialmente la enorme plaza que hay frente a la
fachada, diseñada también por Covarrubias, se convirtieron
en el eje principal de la villa.
La princesa de Éboli también lo habitó de forma
esporádica aunque bien es cierto que pasó en él
largas temporadas. Su ubicación, justo frente al valle que
se abre sobre el río Arlés, lo hacían un lugar
sensacional para la vida doméstica de los príncipes.
En
las Relaciones Topográficas de Felipe II de Pastrana se habla
del palacio en estos términos: "hay en particular dos
Casas que son de los Señores de él, é la una
que no está acabada, es casa fuerte con troneras y saeteras,
fabricada de Cal y canto, de ancho muro y todas las paredes por de
fuera, y ventanas y escaleras son de piedra Sillería y con
muy buenas maderas, y algunas piezas de artesones de Talla, y tiene
delante una plaza cercada de Casas pequeñas con tiendas para
contratacion, y encima de ellas sus galerías sobre Vallas y
huertas de mucha frescura."
El palacio es un magnífico ejemplo de arquitectura civil renacentista.
Su fachada de sillería está flanqueada por dos torreones
cúbicos, siendo el del lado de levante el que sirvió
de prisión de la Princesa hasta el final de sus días
en 1592.
La planta del palacio es cuadrada y toda su estructura gira en torno
a un patio plateresco en el que destacan las chimeneas gótico-mudéjares,
los ricos artesonados y zócalos de azulejería.
El palacio está levantado al pie del convento de los franciscanos
y en pendiente descendente hasta el río Arlés. De ahí
que las trazas del edificio original estuvieran acompañadas
de diferentes jardines que servían de escaleras para acomodar
el desnivel sufrido en los diferentes espacios. Sobre este detalle
recomiendo el libro de Tomás Nieto y Esther Alegre, Los
jardines de la villa de Pastrana, publicado por Aache ediciones
(Guadalajara 1999).
Cuando los príncipes vivieron en él, el palacio era
un verdadero despliegue de lujos. El artesonado renacentista del salón
principal que se abre sobre la fachada es una verdadera joya del arte
de la época.


Sobre la puerta de entrada de la fachada se puede leer el nombre
de la Princesa, acompañado de los escudos nobiliarios de su
familia.
No obstante, el lugar más interesante de todos los del palacio,
precisamente por su relación directa con la princesa de Éboli,
es la torre oriental, en donde hoy se puede ver una gruesa reja de
hierro forjado (abajo) del siglo XVII que vino a sustiruir la que
mandó colocar el rey Felipe para hacer así más
fuerte la prisión de doña Ana. La leyenda dice que desde
1590 solamente podía observar la vida exterior del palacio
a través de esta ventana y por un espacio de tiempo nunca superior
a la hora. De ahí que la plaza mayor que hoy se abre frente
al palacio haya cambiado su nombre por el de Plaza de la Hora.
La
habitación de esta torre en uno de los lugares más tétricos
y misteriosos de todo el palacio. En la fotografía que presentamos
en el encabezamiento de esta página, procedente de la página
web de la Univesidad de Alcalá, nos podemos hacer sólo
una idea de lo que debió de suponer para la Princesa su reclusión,
sin haber escuchado nunca acusación formal alguna ni haber
sido juzgada. En esta página web podemos ver fotografías,
notas y los planos del palacio, todo ello antes y después de
la restauración. Más curioso es, si cabe, la visita
virtual con recorrido de 360 grados que podemos hacer del patio
central y de la llamada sala
del trono o de la reina.
El edificio está protegido bajo la Declaración Genérica
del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio
Histórico Español. En la actualidad, el palacio está
abierto al público tras su restauración llevada a cabo
por la Universidad de Alcalá de Henares, de quien depende el
edificio, finalizada en 1999. Fue inaugurado el 21 de junio de 2005
por el príncipe de Asturias. Su uso estaba pensado para la
recepción de acontecimientos y encuentros relacionados con
la OSE (Observatorio de la Sostenibilidad Espacial), además
de toda clase de actos culturales relacionados con la villa ducal
de Pastrana. Hoy es la sede de la Oficina de Turismo de Pastrana y
de algunos actos relacionados con la propia villa.
Como ya he dicho, el palacio ducal de Pastrana nunca se llegó
a acabar. Había compradas unas columnas de mármol de
Carrara que se pensaban utilizar en el patio del edificio. Se embarcaron
en Génova y llegaron al puerto de Cartagena o Alicante, pero
nunca alcanzaron Guadalajara. Cuando fallecieron los príncipes,
las columnas se vendieron en 1596 al Real Colegio Seminario del Corpus
Christi de Valencia. Se compraron 46 columnas de las grandes, del
claustro inferior, y 37 de las pequeñas que iban a ir en la
galería del claustro superior. Finalmente en el palacio valenciano
solamente se usaron 30 y 30 en el patio renacentista que allí
se conserva. El palacio se puede visitar todos los días de
11 a 13.30. La entrada al patio es libre, pero si se quiere ver el
magnífico Museo del Patriarca hay que pagar una entrada simbólica
de 1,5 euros. Allí hay obras del Greco, de Juan de Juanes y
Luis de Morales.

© Nacho Ares 2008