Diego
Hurtado de Mendoza, príncipe de Mélito, nieto del Gran
Cardenal e hijo de Diego Hurtado de Mendoza (¿?-1578), fue
el padre de la princesa de Éboli. No hay que confundir al padre
de doña Ana con su abuelo, de igual nombre, Diego Hurtado de
Mendoza (1468-1536), conde de Mélito. De igual forma no hay
que meter en este mismo saco al embajador y escritor, Diego Hurtado
de Mendoza (1503-1575) destacado escritor del mismo nombre a quien
incluso se le ha llegado a atribuir el Lazarillo de Tormes
pero que nada tiene que ver con esta rama de la familia.
El padre de la princesa de Éboli, ostentó entre otros
muchos honores el de ser segundo conde, primero, y luego príncipe
de Mélito, virrey de Cataluña y Aragón y duque
de Francavilla (ambos lugares de Nápoles).
Desconcemos el año de su nacimiento. Su madre fue doña
Ana de la Cerda, señora de Miedes, Mandayona y Galve.
En el año 1538 se había casado con Catalina de Silva
y Andrade, hija de los condes de Cifuentes, título que luego
llevaría su hermano. A los dos años nacería su
única hija, quien a la postre se convertiría en nuestra
princesa de Éboli.
En 1555 se encontraba en Zaragoza desempeñando la labor de
virrey de Aragón, cargo al que había accedido gracias
a la mediación de su yerno, Ruy Gómez de Silva, el esposo
de la princesa de Éboli, aunque tuvo que abandonar precipitadamente
la ciudad. Como señala José Luis García de Paz,
"era celoso de las prerrogativas reales lo que le enfrentó
a los aragoneses teniendo que dejar urgentemente Zaragoza".
La fama de crápula y mujeriego le persiguió durante
toda su vida, siendo éstas las principales razones que le llevaron
a separarse de su esposa y de mantener una relación enconada
con su única hija y con su yerno, los príncipes de Éboli.
Fue nombrado presidente del Consejo de Italia en 1558, cargo que se
le otorgó para alejarle de su familia con la cual la convivencia
era imposible a tenor de las cartas que conservamos de la época.
Muerta su esposa, Catalina de Silva, en 1576 se volvió a casar
poco después con Magdalena de Aragón, hija de don Alonso,
duque de Segorbe. Murió el 18 de marzo de 1578 cuando su nueva
esposa estaba a punto de dar a luz. La incertidumbre se posó
durante algunos meses sobre la princesa de Éboli ya que de
ser un niño, ella perdería cualquier posibilidad de
heredar los títulos y bienes de su familia. Sin embargo, y
por suerte para doña Ana, el nacido fue niña, muriendo,
además, poco después.
De don Diego conservamos un supuesto retrato realizado por Tiziano
Vecellio (1477-1576) que presentamos ilustrando esta página
y que debió de pintarse en 1541. Hoy se conserva en el Palazzo
Pitti (Florencia). Se exhibe bajo el título de Retrato
de gentilhombre de pie (óleo sobre lienzo de 114 x 179
cm). Sin embargo, de ser un Diego HUrtado de Mendoza no sería
el padre de la Princesa sino el embajador y poeta que más arriba
he comentado, pero que nada tiene que ver con nuestra protagonista.
De él se ha dicho que pertenecía al poeta Donato Minerbetti.
Esta relación venía dada también por la representación
en el friso de mármol que hay sobre el fondo del cuadro, del
conflicto entre Apolo y Marsias. Pero ya en el siglo XIX el eztraño
retrato de cuerpo entero, se identificó con don Diego, haciendo
cierta así la mención de Giorgio Vasari que hablaba
de la existencia de este retrato pintado en 1541.
Fuente y más información:
http://www.uam.es/personal_pdi/ciencias/depaz/mendoza/melito2.htm