Unido en línea recta con el palacio ducal y atravesando las
angostas casas de la villa, no es difícil llegar desde la plaza
de la Hora hasta la iglesia parroquial de la Asunción de la
Virgen, la misma que desde 1569 hasta el siglo XIX tuvo la categoría
de colegiata de Pastrana, con cuya calificación hoy todavía
se la conoce.
Comenzada
a construir en el siglo XIV, lo que hoy conocemos de ella es una mezcla
de estilos acordes cada uno de ellos con las diferentes etapas de
la historia en las que su construcción sufrió cambios.
Se entra a ella por el conocido como atrio de los poetas, en el lado
norte del edificio.
Existen varios elementos dentro del recinto religioso que nos llevan
a la princesa de Éboli. En el crucero de la iglesia hoy podemos
leer todavía diferentes epitafios colocados allí por
Pedro González de Mendoza, hijo de
los príncipes. Más interesante es, si cabe, el Museo
de la Colegiata, ubicado en la antigua sacristía. Allí
se conservan algunos recuerdos de la villa pertenecientes a Santa
Teresa, San Juan de la Cruz y especialmente de la princesa de Éboli.
Entre ellos cabe destacar los tapices que decoraban las salas del
palacio ducal de la villa, algunos muebles que proceden del mismo
lugar y que fueron utilizados por doña Ana, los cuadros de
algunos de sus hijos, como el mencionado Pedro González de
Mendoza o su hija pequeña, Ana de Silva
y Mendoza, y el catafalco que amortajó los restos de Ruy
Gómez de Silva tras su muerte en Madrid el 29 de julio
de 1573.
En el centro de la sala principal del Museo se conservan varias ropas
de misa de Pedro González de Mendoza, una de las cuales está
hecha a partir de una capa de la propia princesa de Éboli.
En las cajoneras de la sacristía todavía hay telas de
terciopelo negro y amarillo que pertenecieron al catafalco de doña
Ana.
En la cripta de la colegiata, hoy también visitable, y a la
que se accede por la puerta izquierda del altar mayor, se conservan
los restos de doña Ana de Mendoza, junto a los de sus padres,
el Marqués de Santillana y otros miembros de la familia Mendoza.
En la urna de mármol que alberga los restos de la Princesa,
vestidos con el hábito de la orden de San Francisco, siguiendo
así sus últimas voluntades. Sobre la urna podemos leer
la inscripción "Aquí yace doña Ana de Mendoça
y Cerda. Murió en Pastrana año 1592". Pincha
aquí para ver la cripta en un vídeo de 65 segundos.
Bajo ella, en el mismo nicho, están los restos de su esposo,
el príncipe de Éboli, y podemos leer "Aquí
yace Ruy Gomez de Silba. Murió en Madrid año de 1577".
Desconzoco de cuándo es la impronta de la urna de don Ruy,
pero existe un error en la fecha del príncipe de Éboli.
Hay suficientes documentos que demuestran su muerte en el verano de
1573, no en el año de 1577.
Muy posiblemente la princesa de Éboli fuera enterrada en primer
lugar en el convento de San José en cuya cripta las fuentes
indican que reposó. Sin embargo, y gracias a la investigación
de Juan Gabriel Ranera, a quien debo lo que digo a continuación,
en un momento desconocido los restos son trasladados al lado del evangelio
de la antigua cabecera gótica de la colegiata. Allí
descansarán hasta que las obras de la iglesia comenzadas por
fray Pedro González de Mendoza, hijo de la princesa, obliguen
en 1628 el traslado de sus padres, ahora juntos, hasta el trascoro,
al pie de la iglesia, junto a la antigua capilla de la Virgen de la
Soledad, hoy desaparecida, que quedaba frente a la que hoy se llama
de las Reliquias. Finalmente en 1637, acabadas las obras de la cripta,
toda la familia es llevada a este lugar, salvo el propio fray Pedro
que es descubierto en el XIX por Mariano Pérez Cuenza en la
cabecera de la iglesia, llevando los restos del antiguo obispo de
Sigüenza a la cripta. Allí serán depositados en
el antiguo altar de la cripta, al pie de la misma, entre los sus padres
y sus abuelos maternos.

© Nacho Ares 2006