Ana
de Silva y Mendoza —no confundir con su hermana
mayor de igual nombre y apellidos, Ana de Silva y Mendoza, nacida
en 1560— fue la más pequeña de las hijas del matrimonio
entre los príncipes de Éboli. Permaneció soltera,
cuidando a su madre durante sus difíciles años de prisión
y persecución. Al morir la princesa en 1592, esta joven pastranera
se metió monja en el convento de la Concepción. Según
cuenta el religioso concepcionista Fr. Lorenzo Pérez en la
documentación necrológica recopilada en el monasterio
de San José de Pastrana en 1920, Ana nació en Madrid
a principios de 1573, poco antes de morir su padre el verano de ese
año en la misma capital. Ella y sus hermanos más pequeños
hubieron de acompañar a su madre en las prisiones de Pinto
y Santorcaz. Antes de morir la Princesa se acordó su matrimonio
con su primo el VI conde de Tendilla, Íñigo López
de Mendoza. Al morir la Princesa se ultimaron los detalles para la
boda, pero el novio se cayó del caballo poco antes de realizarse
el enlace, el 8 de octubre de 1592 y murió. La pobre Ana decidió
meterse a monja, en el mismo centro carmelita en el que había
profesado su madre años antes, el monasterio
de San José de Pastrana. Falleció el 1 de diciembre
de 1614 a los cuarenta y un años de edad.
De ella se conserva el lienzo que reproducimos arriba en el Museo
de la colegiata de Pastrana. Se trata de un retrato doble según
señala Gregorio Marañón citando a estudiosos
del arte. Por un lado, en primer término encontramos a Ana
abandonando las joyas disponiéndose a tomar los hábitos
después del fallecimiento de su novio y tras ella, a la misma
Ana una vez ha tomado los hábitos. Esta interpretación
me parece un poco forzada, toda vez que no se parecen en nada las
dos mujeres representadas en el lienzo. Seguramente se trate de Ana
de Silva, efectivamente, abandonando sus posesiones materiales antes
de abrazar la vida conventual y, tras ella, una dama desconocida.