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LA FASCINANTE VIDA DE OMM SETI: La mujer que consiguió cruzar el oscuro velo de Isis
Nacho Ares :: Artículo
Publicado en la revista Más Allá de la Ciencia nº134
Abril 2000
Atrapada en un túnel del tiempo que la llevaba continuamente al antiguo Egipto, Dorothy Eady, más conocida como Omm Seti, ha protagonizado una de las historias más increíbles dentro del intrigante mundo de la Egiptología. Atraída por una percepción mística que solamente pudo responder en Abydos, esta inglesa fue quizás la figura más importante de entre los no pocos egiptólogos que alguna vez fueron cautivados por el lado oscuro del Egipto milenario.
Mrs.
Eady miraba con horror el cuerpo inconsciente de su hija Dorothy. La pequeña
de 3 años de edad, acababa de sufrir un grave accidente precipitándose
escaleras abajo en su casa de Londres. La pronta venida del médico
no pudo eludir lo que parecía a todas luces inevitable. Tras inspeccionar
a la niña y comprobar la ausencia total de aliento, el doctor firmó
el fallecimiento de la pequeña.
El desplome de la familia fue inmediato. Tras dejar el cadáver de
Dorothy sobre la cama de su habitación, el doctor regresó
al salón para acompañar a los desconcertados padres, incapaces
de admitir lo que les estaba pasando. Transcurridos sesenta minutos el médico
volvió a la habitación de la niña. Estupefacto descubrió,
no un cadáver inerte sino a una inquieta niña jugando sobre
la cama, ajena a todo lo que había ocurrido momentos antes. La delicada
Dorothy no lo sospechaba, pero alguien había regresado desde un pasado
muy remoto para revivirla.
El despertar de los antepasados
Dorothy
Louis Eady (1904-1981), ha sido y será una de las figuras más
introvertidas que ha dado la Egiptología académica. Sin embargo,
sus primeros pasos en este terreno no se desarrollaron ni en una universidad
ni en el plano físico convencional. Un año después
de sufrir aquél aparatoso accidente, Dorothy comenzó a tener
de forma continuada extraños sueños en los que veía
un misterioso edificio columnado, rodeado de jardines repletos de toda clase
de árboles frutales. Cada vez que los recordaba, una extraña
desazón estremecía el cuerpo de la niña. Dirigida por
una extraña intuición mística, Dorothy no cesaba de
repetir a sus padres un angustioso "¡quiero volver a casa!",
como si realmente aquella modesta vivienda londinense no fuera su hogar
natural.
Sus padres, desconcertados por el incomprensible comportamiento de la niña,
la interrogaban sobre esa extraña casa; preguntas a las que Dorothy
no sabía contestar ya que solamente podía guiarse por sus
misteriosas visiones oníricas.
La respuesta a todas estas intrigantes preguntas no tardaría en llegar.
En una visita casual al Museo Británico se produjo un espectáculo
que puso el vello de punta a los padres de Dorothy. Nada más entrar
en la inmensa sala egipcia, la niña se separó de ellos y corrió
a besar los pies de las estatuas que allí se encontraban. Ante el
asombro de sus padres, que no daban crédito a lo que veían,
la pequeña comenzó a intuir la respuesta de muchos de los
interrogantes que la habían atormentado en los últimos meses.
¿De dónde podría venir ese afecto por el antiguo Egipto?
No tardaría en descubrirlo. Poco después, de forma también
casual, Dorothy pudo por fin ver su verdadera casa en la fotografía
de un periódico local. Se trataba del mismo lugar con el que ella
había soñado infinidad de veces. Antaño rodeado de
jardines y estanques, reconoció el templo de Osiris en la ciudad
de Abydos, uno de los lugares más fascinantes de todo Egipto.
El círculo se fue cerrando, y solamente quedaba saber quién
era el instigador de todo aquel extraño proceso místico.
La preferida del rey
Cuando
Dorothy contaba con 14 años, cierta noche se le apareció una
extraña figura cubierta con una túnica blanca y una capa azul.
No tuvo duda de quién era esa misteriosa aparición: se trataba,
ni más ni menos, del faraón Seti I, el mismo que mandó
construir "su casa", el templo de Abydos.
Una vez realizado el contacto, y como si se tratara de fichas de dominó,
los acontecimientos se sucedieron en cascada de forma súbita. A lo
largo de casi diez años, Dorothy comenzó a recibir en las
noches de luna llena pequeños mensajes por medio de la escritura
automática. Nada de particular hubieran tenido estos mensajes si
no fuera porque estaban redactados en la escritura jeroglífica de
los antiguos egipcios. A través de estos comunicados, Dorothy comenzó
a comprender, maravillada, su auténtica realidad.
A lo largo de diferentes fragmentos recibidos en días distintos,
con mucho trabajo, consiguió aglutinar un pequeño manuscrito
de 70 páginas. Su "confidente" desde el Más Allá,
un tal Hor-Ra, le dictó en varios pasajes grandes retazos de la vida
anterior de la muchacha. Dorothy descubrió que en otra vida había
sido una joven llamada Bentreshyt y que había crecido desde los 3
años en el templo de Abydos. Allí fue dejada por su padre,
un militar incapaz de hacerse cargo de la niña después de
que su madre, una modesta vendedora de frutas, falleciera.
Con 29 años, un pasaje de barco permitiría a Dorothy Eady,
por fin, marchar en busca de su pasado y resolver para siempre su gran enigma
interior. En 1933 llegó a Port Said donde tomaría un tren
hasta la capital cairota. Salvo en un par de ocasiones, no abandonaría
jamás su tierra de adopción.
Vuelta a casa
Asentada en Gizeh durante dos décadas,
esta excentric lady, tal y como fue llamada por sus contemporáneos,
se casó con Iman Abd El Megid, a quien había conocido poco
antes en Londres. Con él tuvo un hijo, de nombre Seti, lo que hizo
que desde aquel momento, todo el mundo la llamara Omm Seti, "la madre
de Seti".
En los 20 años que estuvo en la zona de Menfis, participó
en las excavaciones de muchos lugares importantes de la meseta de las pirámides,
realizando publicaciones de monumentos que luego arqueólogos como
Selim Hassan o Ahmed Fakhry publicaban como propios, postergando a un segundo
plano el trabajo de esta mujer. Y aunque pueda parecer extraño, incluso
a sabiendas de que la clave de su vida se encontraba a cientos de kilómetros
al sur de Gizeh, en Abydos, Omm Seti no viajó a esta ciudad hasta
1952.
Transferida 4 años después por el Servicio de Antigüedades
hasta Abydos, en ese mismo año (1956) Omm Seti comenzó su
verdadera vida. Separada de su esposo y olvidada por su hijo, habitó
una modesta casa de adobe. Sus únicos compañeros durante años
fueron varios gatos, una oca, su burro y de vez en cuando alguna serpiente.
Pero su verdadero dominio fue el templo de Seti. En sus diferentes santuarios
continuó los antiguos rituales sagrados de los egipcios, recuperando
por medio de la interpretación de los relieves del templo, su significado
ya perdido.
Imbuida totalmente en la vida de los antiguos egipcios, profesando incluso
la religión de Osiris y celebrando sus fiestas o llevando a cabo
sus ofrendas como si estuviera viviendo en 1500 antes de nuestra Era, Omm
Seti llegó a conocer algunos de los secretos mejor guardados de la
magia de los faraones. Su excepcional estudio de la lengua jeroglífica,
que aprendió en Londres de la mano de todo un maestro de la época,
Sir Wallis Budge, le permitió acceder a los entresijos mágicos
que abundaban en los conocidos Textos de las Pirámides o en el Libro
de los Muertos.
Charlas con Seti
A
lo largo de su vida fueron numerosas las ocasiones en las que tuvo la oportunidad
de protagonizar encuentros nocturnos con el faraón Seti I, llegando
incluso a realizar el acto sexual. Durante las tertulias que mantenía
con el antiguo monarca egipcio, Omm Seti solía preguntar acerca de
algunos de los problemas que más la inquietaban, como la existencia
de la Atlántida y la vida extraterrestre.
Sobre el primero de ellos y siguiendo lo descrito en el propio diario de
Omm Seti, el 29 de julio de 1972, el monarca le dijo que "cierto día
un navegante procedente de la isla de Creta me relató una historia
similar. Según este hombre, el mar Mediterráneo fue hace mucho
tiempo una gran extensión de tierra que cierto día se hundió.
De este continente perdido solamente habían podido salvarse las cimas
de las montañas que hoy forman las islas griegas del Egeo".
Sin embargo, esta historia no tenía nada que ver con el origen atlante
de Egipto. Según lo transmitido por el antiguo faraón, el
nacimiento de esta civilización no distaba mucho de los modernos
postulados académicos.
Dos años más tarde, el 29 de agosto de 1974, en otro encuentro
con el faraón, éste habló a Omm Seti de la vida en
otros planetas. "Existe una tradición heredada por los hombres
sabios del tiempo de nuestros ancestros que dice que las estrellas son mundos
redondos, unos grandes y otros pequeños". Seguidamente, Seti
I relató algunos de sus fantásticos viajes por estos planetas
sin especificar el medio de locomoción empleado. Según el
monarca, muchos de ellos estaban habitados por seres humanos. Sin lugar
a dudas, lo más espectacular de todo es la descripción futurista
realizada por el faraón de una gran ciudad con calles anchas y "cosas
metálicas con ventanas y asientos en el interior pero que no tenían
ni alas ni ruedas".
El final de un gran sueño
Gracias a Omm Seti podemos ver hoy la reconstrucción
total del templo de Abydos. Ayudada de los numerosos viajes astrales que
realizó, en los que dejaba volar fuera de su cuerpo el "akh",
término que empleaban los egipcios para llamara al astral, esta mujer
pudo reconstruir con paciencia los 2.000 bloques de relieves que hasta llegar
ella, permanecían desparramados por el suelo del templo a la intemperie.
Con una frialdad admirable, Omm Seti nunca tuvo reparos en organizar celosamente
su funeral con enorme antelación, igual que si hubiera vivido en
el antiguo Egipto. Lo dejó todo preparado para que fuera inhumada
en el pequeño patio que había junto a su casa. Sin embargo,
por problemas burocráticos no pudo ser así. A pesar de todo,
Egipto, respaldado por la comunidad egiptológica al completo, que
siempre admiró y respetó a esta excentric lady, le otorgó
un lugar de honor en el mejor de los paraísos que un egipcio podía
esperar: ser enterrado en el occidente, no lejos del templo que fue su casa,
para seguir así el curso de los rayos del sol en el atardecer.
© Nacho Ares 2004