Entrevista

Nasry Iskander
Ex conservador jefe de la sección de momias del Museo Egipcio de El Cairo, en la actualidad está retirado pero continúa colaborando muy estrechamente con el Egyptian Mummy Project.


Entrevista realizada en diferentes momentos entre 1999 y 2000 en el Museo de El Cairo, después de los importantes hallazgos del oasis de Bahariya.

 

El profesor Iskander realizó durante los últimos años de la década de los 90 un trabajo exhaustivo acerca de la importancia del ADN para responder a interrogantes históricos clásicos, la mayoría de ellos desahuciados por una arqueología insuficiente. Para ello contó con el máximo experto en ADN antiguo, el microbiólogo estadounidense Scott Woodward, investigador de la Brigham Young University, que se hizo célebre por haber sido el primero en extraer una cadena de ADN del hueso de un dinosaurio, dando el primer paso expuesto en la película de ficción Parque Jurásico.
Sobre este tema Iskander es claro: “De una momia es posible obtener cualquier clase de información. Se puede añadir o corregir lo que se sabe por los documentos aunque también tenemos que reconocer que, en ocasiones, no proporciona nada nuevo. En otros casos la investigación de una momia nos puede decir que el sarcófago pertenece a una mujer y el cuerpo es realmente un hombre”.

Pero uno de los temas que más ha apasionado a este reputado médico egipcio, sobrino del afamado egiptólogo también dedicado al mundo de las momias, Zaki Iskander, es el estudio del ADN en las momias reales del Museo de El Cairo. Junto al doctor Scott, Iskander ha obtenido el ADN de la casi treintena de momias reales que se conservan en este museo. El estudio de las momias reales puede proporcionar datos de increíble valor sobre temas de los que la arqueología convencional no puede proporcionar el menor dato fiable: “Hasta la fecha solamente conocemos algunas listas reales como la de Abydos o la de Sakkara. Pero en ellas no nos dicen qué relación hay entre los faraones. No conservamos un sólo texto que nos dé alguna pista sobre las leyes de sucesión empleadas por los antiguos egipcios para conservar la sangre de los faraones lo más pura posible. Quiénes eran, que relación tenían entre ellos o a qué clase pertenecían son algunas de las preguntas que el ADN está a punto de responder”.

Nasry Iskander también se ha preocupado por la investigación de la momia de la KV55, supuestamente identificada con Akhenatón. Sus deformaciones físicas han levantado innumerables polémicas entre los investigadores. Según vislumbra el profesor Iskander, únicamente un estudio comparativo de ADN podría resolver este apasionante enigma. “En 1898 se descubrió el segundo escondrijo de momias reales de Egipto. Precisamente en el estudio de estos cuerpos estamos trabajando ahora. En este escondrijo apareció, junto a otras 9 momias reales, la del faraón Amenofis III, cuyo cuerpo ha sido identificado por algunos forenses con el de Akhenatón, gracias a una serie de particularidades físicas. Por otra parte, en la tumba 55 del Valle de los Reyes apareció en el año 1907 la momia del faraón Semenkhare, también vinculada en un principio con la de Akhenatón. Además tenemos en el museo una tercera momia, en esta ocasión anónima, atribuida a este insólito rey.
El problema se complica cuando hacemos un estudio computerizado de una momia que los textos la datan en la XVIII dinastía y el ordenador proporciona una fecha totalmente diferente; nadie puede responder a este enigma. Puede que sea Amenofis III, Amenofis IV o alguno de los hijos de aquél. En cualquier caso, no tenemos ninguna seguridad, solamente posibilidades. Pero si conseguimos el ADN, entonces sí que hay seguridad”.

Una vez más el ADN puede ser crucial a la hora de verificar sobre un enigma histórico que ha traído de cabeza a multitud de investigadores en las dos últimas décadas. ¿Fue en realidad una mujer el sucesor de Akhenatón, el faraón Tutankhamón? A lo largo de los años hay quien ha defendido esta absurda posibilidad, basándose en diferentes argumentos estilísticos de las estatuas conservadas en la tumba o la presencia de dos fetos en la misma. Ante este inquietante enigma el profesor Iskander cree que “los últimos estudios realizados sobre la momia de Tutankhamón son del año 1972 y no se ha hecho nada nuevo desde entonces. En ellos no se decía nada de que Tutankhamón fuera una mujer. Pero no olvidemos que la momia fue calentada por Howard Carter en 1922 hasta los 500 grados para separarla del sarcófago de oro al que se había adherido. Por ello, si ya es complicado obtener una prueba de ADN antiguo de una momia convencional, en el caso de este faraón resultó ser mucho más difícil. Hoy día el esqueleto está desmembrado y requiere un estudio detenido.
Con respecto a los fetos de este rey -añade el profesor Iskander- no sabemos para qué servían ni de quién eran. Necesitan un nuevo estudio ya que los que se realizaron antaño ofrecieron muy pocos datos. En ocasiones tenemos que repetir los análisis de ADN hasta diez veces para conseguir buenos resultados. Si eran hijos de Tutankhamón y de su joven esposa Ankhesamón o fueron puestos allí por razones religiosas, no lo podemos decir hasta comprobar los análisis de ADN. De nada valieron los estudios hechos por el forense Elliot Smith en 1927 sobre las momias ya que debemos repetir absolutamente todo con el método moderno”.

Nasry Iskander también desempeñó un papel importante en la investigación de las momias del oasis de Bahariya. “La primera noticia de la existencia de este tipo de momias al oeste de El Bawiti se remonta a 1992. Las autoridades se dieron cuenta en seguida a comienzos de los 90 de la importancia que podría tener un proyecto de excavación de estas características y los problemas técnicos que ello acarrearía. Después de este primer paso lo que se decidió fue cubrir las tumbas descubiertas y preparar un equipo concienzudamente para que en un futuro no muy lejano excavara de forma intensiva el lugar. Se trataba de un reto muy importante para la arqueología egipcia, y la verdad es que así se ha hecho. No deja de ser curioso que el equipo que trabaja en este lugar es exclusivamente autóctono.
En lo que respecta a decir si el hallazgo se realizó en este año o en otro, no puedo decir nada. Un estudio de estas características, con un proceso de análisis tan dilatado en el tiempo no parece dar mucho sentido a afirmaciones del tipo a se descubrió este u otro año. Quizás todo se precipitara un tanto por el lanzamiento de las películas sobre momias en 1999. Mi trabajo se limita a analizar momias, estudiarlas desde un punto de vista científico y dar la conclusión de sus estudios a mis jefes. Éstos son los encargados de decidir el sacar o no a la luz pública el resultado de sus investigaciones y también los encargados de elegir el momento más idóneo para hacerlo. Por ello es posible que todo no fuera más que una casualidad.

¿Cómo valora egiptológicamente el hallazgo en Bahariya?
“No entiende cómo puede haber investigadores que después de todas las pruebas ofrecidas por los hallazgos en el Valle de las Momias de Oro, siguen negando el valor de esta necrópolis por pertenecer a una época muy tardía (recordemos que la mayor parte de los cuerpos se datan entre los siglos I y II después de Cristo). Todo es importante en la historia de Egipto. No debemos olvidar que es la primera vez que nos encontramos con una colección intacta de momias tan grande, con el añadido de que su estado de conservación es casi perfecto ya que nadie ha puesto la mano sobre ellas desde que fueron colocadas con tanto mimo por los familiares del difunto hace 2.000 años. Sin lugar a dudas, la colección de Bahariya va a completar los conocimientos que poseemos sobre la momificación en la Antigüedad”.

Pasadas las primeras campañas de excavaciones en Bahariya cualquiera de los protagonistas era reticente a apuntar un número exacto de las momias que allí pudieran encontrarse. “Hasta la fecha se han abierto numerosas tumbas aunque solamente se trabaja de forma especial en al menos cinco sepulcros grandes y dos o tres de los pequeños. Hay que pensar que estas tumbas fueron utilizadas a lo largo de al menos cuatrocientos años. Las momias se iban apilando unas sobre otras desde el período griego hasta el siglo II después de Cristo. Fueron lugares empleados por generaciones y generaciones de personas que colocaban las momias apiladas unas encima de otras. Por eso es muy difícil saber cuántas han aparecido ya que no se ha realizado un estudio intensivo de los diferentes restos encontrados en las tumbas. Debido a este almacenamiento y también por las causas naturales, parte de las paredes de las tumbas en muchos casos se ha hundido, precipitándose sobre las momias. En ocasiones nos limitamos a excavar sobre restos de antiguos cuerpos, simplemente huesos mezclados con los escombros. Otras veces tenemos cuerpos enteros. Es muy difícil decir con seguridad cuántas momias o mejor dicho, cuántas personas han aparecido hasta ahora. Doscientas, trescientas, cuatrocientas, no se sabe”.

 

© Nacho Ares 2005

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