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El enigma del nombre de Keops
Nacho Ares
Publicado con el mismo título en la revista Karma 7, en 2001
La Gran Pirámide de Gizeh es algo más que el monumento que identifica por antonomasia a la civilización más asombrosa que ha pasado por la historia. Se desconoce a ciencia cierta quién la construyó, cuándo y de qué manera se hizo. Tampoco se sabe para qué fueron erigidos sus casi dos millones y medio de bloques. La Gran Pirámide es, al fin y al cabo, el misterio humano por excelencia; un enigma que aún espera a ser desvelado por el hombre.
No es un problema
nuevo. Ya desde la propia antigüedad, los cronistas griegos y árabes
apostillaban cada vez que mencionaban el nombre del constructor de la Gran
Pirámide con un sospechoso "dicen" o un "según
afirman los guías locales". Y es que, al igual que sucede con
otros grandes enigmas del antiguo Egipto, como la famosa Esfinge, el Serapeum
de Sakkara o el misterioso Laberinto en Hawara, no existe al día
de hoy ni una sola prueba que confirme de forma científica quién
fue realmente el constructor de este gigantesco monumento.
Al comenzar cualquier investigación sobre la Gran Pirámide
no tardamos en darnos cuenta de que el problema de la datación de
este coloso va ligado al enigma de quién mandó realmente construirla.
El griego Heródoto de Halicarnaso que realizó un viaje a Egipto
a mediados del siglo V a. de C. fue el primer historiador que proporcionó
un nombre a los investigadores. En el libro segundo de su Historia, que
lleva por título el nombre de la musa de la música, "Euterpe",
Heródoto (2, 124, 1) menciona al tiránico Keops (2575 a. C.)
como el constructor de la pirámide más grande de Menfis. Dicho
y hecho: el arriesgado testimonio de un guía que no sabía
ni que la Esfinge se encontraba en la meseta de Gizeh, tenía el "valor"
suficiente como para que la egiptología más ortodoxa comenzara
la gran carrera en busca de la confirmación del nombre de Keops.
Un monumento anónimo
Por desgracia para nuestras investigaciones, de los autores que anteriormente
visitaron y escribieron sobre Egipto, de quienes muy probablemente el propio
Heródoto tomara más de una referencia sobre las pirámides
-especialmente Hecateo de Mileto, s. VI a. C.-, no ha llegado hasta nosotros
absolutamente nada.
Sin embargo, no hace falta ir tanto hacia atrás para empezar a dudar
del testimonio de Heródoto, ya que todo parece indicar que el llamado
por Cicerón, "Padre de la Historia", fue mal informado
sobre el nombre de su constructor.
Manetón de Sebenito, sacerdote grecoegipcio de Heliópolis
y promotor en su época del culto a Serapis, recibió por parte
de Ptolomeo I Soter (s. III a. C.) el encargo de escribir una Historia de
Egipto. Para ello, Manetón se tomó la molestia de consultar
la mejor documentación de su templo, en Heliópolis. En los
fragmentos 14, 15 y 16 Manetón hace una curiosa referencia al constructor
de la Gran pirámide: "Sufis reinó durante 63 años.
Levantó la Gran Pirámide que Heródoto dice que fue
construida por Keops (...)." Este fragmento del cual conservamos varias
versiones idénticas gracias a Africano y Eusebio, parece bastante
esclarecedor. ¿Acaso no está dando a entender con ese "que
Heródoto dice", que realmente el de Halicarnaso estaba equivocado?
De lo contrario, ¿no hubiera sido mejor decir "llamado Keops
por Heródoto"?
No se trata de un error de traducción. Es aquí en donde debemos
tener muy en cuenta que, a pesar del valor documental que ofrece el texto
de Heródoto, ya que han sido muchos los datos que se han podido corroborar
por medio de la arqueología, no lo es menos que otros muchos, quizás
los más, han acabado desmintiéndose. Si a esto añadimos
la existencia de un libro de Manetón, hoy perdido, titulado Crítica
contra Heródoto, en donde el sacerdote heliopolitano ponía
los puntos sobre las íes al Padre de la Historia, todo parece indicar
la escasa credibilidad de algunas afirmaciones del historiador griego, seguramente,
entre ellas la del nombre de Keops.
Por si no existieran suficientes problemas, el resto de autores, para enrevesar
más el asunto, ofrecen nombres diferentes al hablar del constructor
de la Gran Pirámide. El griego Diodoro de Sicilia, que viajó
a Egipto hacia el 60 a. de C., le llamaba Chemmis, y todos los historiadores
de época árabe están de acuerdo en denominarlo Suryd.
¿Cuál de ellos tiene razón? Para algunos egiptólogos,
todos, ya que se ha visto en cada una de estas denominaciones cierta relación
con los dos supuestos nombres de Keops: Khufu y Hnum-Khuf.
Sin embargo, algunos egiptólogos, desoyendo los argumentos de otros
investigadores, han preferido dar la razón al criticado Heródoto
y buscar la prueba irrefutable que vinculara directamente la construcción
de la Gran Pirámide con el faraón Keops. Y es que, más
allá de los hallazgos en los monumentos aledaños a la Gran
Pirámide, en donde aparece con cierta frecuencia el nombre del faraón
Keops, los arqueólogos necesitaban el descubrimiento de una inscripción
en la propia pirámide que subordinara de forma concluyente el monumento
al nombre de Keops, prueba que, sospechosamente, apareció al poco
tiempo de entenderse los jeroglíficos...
Multitud de inscripciones
Hace dos mil quinientos años, Heródoto dejó constancia
en su libro de la existencia de numerosas inscripciones en las caras de
las pirámides: "y en la pirámide consta, en caracteres
egipcios, lo que se gastó en rábanos, cebollas y ajos para
los obreros" (Hdt. 2, 125, 6). Esta interpretación que, según
cuenta el propio Heródoto, es la que le dio el sacerdote que servía
de guía en su viaje por Egipto, no parece convencer a nadie; otro
"histórico" resbalón del cronista griego. Por el
contrario, resulta curioso que este mismo pasaje lo encontremos cuatrocientos
años después en la obra de Diodoro (1, 64, 2), quizás
una prueba que testifique que este último autor se limitara a copiar
el texto de su ilustre antecesor.
En época árabe, Maqurizi, un cronista que vivió a la
sombra de las pirámides entre el 1360 y el 1442 d. C., hacía
un barrido sistemático en su Libro de la Advertencia sobre las referencias
que otros autores anteriores a él habían dejado sobre el antiguo
Egipto. En el capítulo XL menciona que "sobre estos monumentos
los sacerdotes trazaron todas las máximas de los sabios; se escribió
sobre todos los lugares posibles de las pirámides, techos, bases,
murallas, todas las ciencias conocidas por los egipcios, y se dibujaron
las figuras de las estrellas, se inscribieron los nombres de las drogas
y sus propiedades útiles y nocivas, la ciencia de los talismanes,
de las matemáticas, de la arquitectura; en una palabra, todas las
ciencias." Por su parte, Ibn Khordadabah en su obra Maravillas de las
construcciones, decía que las "inscripciones (sobre los bloques
de revestimiento de la Gran Pirámide) son tan numerosas y frecuentes
que, si las trasladaran al papel, cubrirían diez mil hojas".
Estas afirmaciones, que no son más que un botón de muestra
de la inmensa cantidad de ellas existentes en la literatura árabe
medieval, han hecho reflexionar a los egiptólogos sobre la posible
existencia de inscripciones en las piedras de recubrimiento de la Gran Pirámide,
hipótesis prácticamente admitida hoy día por todos,
siempre con miras en el descubrimiento del nombre de Keops por alguna parte.
Debido a que este monumento fue utilizado como cantera desorganizada en
época medieval, miles de sus bloques han ido a parar a los muros
de las mezquitas cairotas, perdiéndose la pista de todas estas inscripciones.
Pero, ¿qué hay de realidad en todas estas fabulosas leyendas?
¿Qué decían los miles de inscripciones? ¿Hablaban
realmente de Keops o es este rey el que reutilizó un monumento construido
mucho tiempo antes que él?
Una
explosión de pólvora y un nombre
Habría que esperar hasta el año 1837 para poder obtener una
mínima pista que resolviera el misterio de las inscripciones de la
Gran Pirámide. Dos años antes, había llegado al valle
del Nilo un coronel británico cincuentón, de nombre Richard
William Howard Vyse. Su interés por la egiptología, respaldado
por el importante apoyo económico de su familia, le llevó
a conseguir el permiso ordinario -el famoso firman- para poder excavar en
la Gran Pirámide. Este coronel, dinamitando en la célebre
cámara de Davidson, situada inmediatamente sobre la cámara
del rey, descubrió cinco cámaras más. Si bien todos
los descubrimientos en este monumento se habían caracterizado por
ser anepigráficos -sin inscripciones-, incluso la mencionada cámara
de Davidson, Vyse, misteriosamente, tuvo mucha más suerte que todos
sus antecesores. Y es que no sólo encontró cinco cámaras
más repletas de textos, sino que en varias de ellas aparecía
escrito el supuesto nombre del constructor de la pirámide, nombre
que recientemente se había podido identificar en textos egipcios:
la esperada prueba arqueológica que vinculaba la construcción
de la pirámide con el nombre del faraón Keops.
Envuelto en el típico cartucho que recubría el nombre de todos
los faraones, y escrito en tinta roja, allí parecía estar
la prueba irrefutable que tanto se había estado buscando. Samuel
Birch, egiptólogo del Museo Británico y encargado de estudiar
las inscripciones enviadas por Vyse desde El Cairo, dio los textos como
buenos, reconociendo la posibilidad de que se tratase de los nombres de
Keops.
Pero, una vez pasada la emoción de los primeros momentos del descubrimiento,
se comprobó que no todo el monte era orégano. Muy pronto aparecieron
las primeras dudas ante tan rápido y sospechoso hallazgo.
En 1981, el
investigador Zecharia Sitchin nos sorprendía a todos con su libro
Escalera al cielo, en donde planteaba la posibilidad de que las marcas de
cantería descubiertas por Howard Vyse en la Cámara de Campbell
fueran una falsificación de su colaborador J. R. Hills. Esta teoría,
siempre según Sitchin, había sido manifestada por uno de los
ayudantes de Vyse quien afirmó que el coronel, necesitando justificar
sus excavaciones en la meseta de Gizeh ante el cónsul británico,
Henry Salt, con un descubrimiento impresionante, decidió "descubrir"
la primera prueba epigráfica que vinculara directamente la Gran Pirámide
con la figura del faraón Keops.
Sitchin argumentaba su teoría apoyándose en un artículo
del propio traductor de los textos, Samuel Birch, en donde, sacando frases
de contexto, parecía dar a entender que los jeroglíficos descubiertos
por Vyse estaban falsificados. Sin embargo, contradiciendo a Sitchin, si
realizamos una lectura completa del artículo de Birch podremos observar
que en ningún momento se duda de la autenticidad de los jeroglíficos
descubiertos por el coronel.
Sitchin también añade que la falsificación de Hills
había sido realizada usando la gramática de John Gardner Wilkinson,
Materia Hieroglyphica, publicada en Malta en dos volúmenes entre
los años 1828 y 1830, en donde el nombre de Keops aparecía
supuestamente escrito de forma incorrecta. Según Sitchin, el nombre
correcto de Keops, Khufu, aparece en la mencionada gramática con
un error en el primer ideograma, de suerte que Wilkinson confundió
el jeroglífico j, un círculo rayado, con el disco solar, un
círculo con un punto en el centro. Según Sitchin, éste
es el nombre que aparece en la Cámara de Descarga de la Gran Pirámide.
Nada más lejos de la realidad, ni en la pirámide está
mal escrito el nombre de Keops, ni Wilkinson confundió un ideograma
por otro. Simplemente en la gramática aparece el nombre de este faraón
escrito con un círculo negro en vez de utilizar la j , el círculo
rayado, ideograma que, por otra parte, sí aparece en el nombre conservado
en la pirámide. Aunque Sitchin no tenga razón en sus argumentos
¿demuestra nuestra explicación que las inscripciones son verdaderas?
¿Fueron realmente una hábil falsificación para justificar
el firman ante Henry Salt?
Otras
inscripciones
Sin embargo, y al contrario de lo que muchos investigadores creen, no son
éstas las únicas inscripciones que han aparecido en la Gran
Pirámide de Keops. Si hacemos caso al polémico trabajo de
Vyse, Operations carried out on the pyramids of Gizeh publicado entre 1840
y 1842, en él se hace mención a muchas más inscripciones.
Éstas, lejos de encontrarse en lugares inaccesibles de la pirámide,
como cámaras secretas o túneles intransitables, fueron descubiertas
por el coronel británico sobre algunos de los bloques de revestimiento
del monumento que aún se conservaban en aquella época (1837).
Vyse aseguraba que encontró algunas misteriosas inscripciones, según
él marcas de los canteros que construyeron la pirámide, inscritas
en color rojo o negro. En la página 226 del primer volumen de su
estudio presenta una inscripción en la que podemos apreciar una serie
de jeroglíficos muy deteriorados junto a un recuadro que parece contener
un claro pilar Djed.
Pero ahí no queda todo. El egiptólogo L. V. Grinsell en su
libro Egyptian Pyramids publicado en 1947, también hace mención
a extraños grabados descubiertos en los mismos bloques, confirmando
cien años después, los hallazgos del coronel Vyse. La mayor
parte de estas inscripciones fueron pintadas en color rojo, siguiendo la
tónica general de las otras conservadas en la Gran Pirámide.
El contenido de estos textos era, según Grinsell, líneas de
medida utilizadas por los arquitectos a modo de referencias o los nombres
de algunas cuadrillas de trabajadores empleadas en la construcción
del monumento. Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos de
estas nuevas inscripciones facilitadas por Grinsell fue la presencia del
nombre Hnum-Khufu, otro de los apelativos reales del faraón Keops
que ya fue descubierto por Vyse en la cámara de Lady Arbuthnot en
la Gran Pirámide. Hoy no queda nada de estas inscripciones ¿Se
ha extendido la fiebre mixtificadora del coronel Vyse hasta nuestro siglo?
Según relata el propio Grinsell, "el mejor momento para poder
ver estas inscripciones (todas pintadas de un rojo que se ha apagado con
el paso del tiempo) es por la mañana muy temprano." Con arreglo
a lo descrito por el arqueólogo británico, es conveniente
ir con gafas de sol casi al amanecer y buscar en la cara oeste de las pirámides
para poder apreciar claramente estas inscripciones. Ver para creer.
Sin embargo, Grinsell no proporciona más información que la
simple mención de la existencia de estas inscripciones. Como si de
una maldición se tratara, Grinsell murió recientemente sin
dejar constancia ninguna de la ubicación exacta en donde se encontraban
los misteriosos dibujos por él mencionados...
Otro egiptólogo de renombre, el francés Georges Goyon, en
su libro Les inscriptions et Graffiti des voyageurs sur la Grande Pyramide
(1944), hacía un estudio sistemático de los hallazgos epigráficos
realizados hasta la época en este monumento. Para asombro de muchos,
Goyon ofrecía una mención muy precisa de la ubicación
de una inscripción en los bloques exteriores de la Gran Pirámide.
Según Goyon la inscripción se encontraba en la "cuarta
hilera de la cara oeste, piedra número 71 comenzando (a contar) por
el ángulo norte. La inscripción está dibujada en pintura
roja y colocada al revés."
Un amanecer mudo
Aunque parezca mentira, es triste reconocer que prácticamente nada
es lo que podemos observar hoy día de estos descubrimientos realizados
hace apenas cincuenta años. Quizás la razón principal
a tan dolorosa pérdida, resulte un tanto contradictoria. Y es que
el viento del desierto, llamado por los egipcios "jamsin", hacía
que la arena cubriera las primeras hiladas de las caras occidentales de
todas las pirámides egipcias, taponando incluso en ocasiones la propia
entrada al monumento como ocurre en la pirámide de Amenemhat III
en Hawara.
Desde que la explotación turística de todas estas pirámides
ha obligado a la continua habilitación de los complejos arquitectónicos,
retirando la arena siempre que fuera necesario para admirar el monumento
en todo su esplendor, las inscripciones han permanecido continuamente a
la intemperie, habiéndose borrado todas ellas, si es que existieron,
en los últimos cincuenta años.
Aunque nadie hace caso a la advertencia de Manetón, hoy muchos egiptólogos
siguen creyendo que fue Keops el constructor de la gran Pirámide.
¿Tiene sentido afirmar que el sacerdote grecoegipcio confundió
los dos nombres y argumentar que Keops y Sufis son la misma persona? ¿Es
que Manetón no disponía de listas reales más fiables
que las nuestras, cometiendo un error tan torpe?
A pesar de todo, después de haber transcurrido no se sabe cuántos
miles de años, quizás más de los que creamos, nadie
tiene constancia alguna de quién fue el constructor de este misterioso
monumento.
De una manera profética, Gerard de Nerval que viajó a Egipto
en 1842, comentaba con doctas palabras en su Viaje a Oriente, que las inscripciones
que rebosaban por todas partes en la Gran Pirámide "serán
la tortura de los sabios del futuro". Lo que de Nerval olvidó
señalar era que la tortura estaría en la pérdida de
esas inscripciones.
Keops:
un faraón sin rostro
Parece increíble que de un rey del que se le supone la construcción
más importante de la humanidad, no tengamos apenas representaciones
artísticas con las que hacernos una idea sobre su aspecto. A excepción
de la conocida figurilla de marfil del mismo tamaño que un rey de
ajedrez (7,5 centímetros), para colmo encontrada en Abydos -a casi
350 kilómetros de su gigantesca pirámide-, u otras dos estatuas
atribuidas a su persona, poco más es lo que podemos decir de los
retratos de este enigmático faraón.
Y es aquí en donde debemos plantearnos si realmente fue el tal Khufu
el constructor de la Gran Pirámide. La imagen política de
este faraón, tampoco debió de suponer mucho respeto en la
antigüedad a sus propios coetáneos egipcios. Éstos, ni
cortos ni perezosos, reutilizaron los relieves de la calzada de su pirámide
para decorar sus propios complejos funerarios. Esto sucedió en la
pirámide de Amenemhat I (1990 a. C.) en Lischt, lugar en el que podemos
encontrar numerosos relieves con el nombre "Khufu", extraídos
impúdicamente de su calzada en Gizeh. En otro arrebato de locura,
el egiptólogo Ahmed Fakhry propuso hace treinta años la no
menos drástica iniciativa de sacrificar el conjunto de Amenemhat
I desmantelándolo, para obtener más información sobre
el reinado y la figura de Keops. Gracias a Dios, nadie le ha hecho caso.
© Nacho Ares 2004