La Conjura de El Escorial, de Antonio de Real

23 de julio de 2008

Hoy he sido uno de los afortunados que ha podido ver en primicia la película La Conjura de El Escorial. Acompañado de un elenco importante de periodistas y personas importantes del mundo de la comunicación, he disfrutado con entusiasmo durante 130 minutos de algo que, por mucho que te cuenten o hayas vivido tan de cerca como es mi caso, ni imaginas el resultado final.
La película es sencillamente fabulosa. Cualquiera que conozca mi inclinación por el papel de la protagonista podrá pensar que es un comentario fácil. Todo lo contrario. Podría señalar que la figura de la princesa de Éboli no queda, precisamente, en muy buen sitio, pero queramos o no ésa es la imagen que nos ha ofrecido la Historia de ella, y, en ese sentido, el trabajo de Antonio del Real se ciñe con creces al perfil de mujer frívola e intrigante que ha permanecido de doña Ana en el acerbo cultural de la Historia de España.
He de reconocer que el cine no es una de mis grandes pasiones pero estoy convencido de que esta película será un éxito. Estamos ante una de las mejores películas históricas de los últimos tiempos; una película de género que cuenta con todos los ingredientes para dejarte pegado a la pantalla durante más de dos horas.
La trama de la película gira en torno a la muerte de Juan de Escobedo (un Joaquín de Almeida espectacular), secretario de Juan de Austria, hermanastro de Felipe II, y a las posibles razones que rodearon a su asesinato entre los diferentes personajes que poblaban la corte de España en 1578.
Jason Isaacs hace un Antonio Pérez fantástico, con ese regustillo de cinismo y hombre perspicaz que solamente él sabe poner en sus personajes. Pero para cinismo el del personaje de Julia Ormond (la princesa de Éboli). Ambos protagonizan una historia de amor rodeada de intereses y ambiciones muy bien presentada en la pantalla, con tintes de humor y ardor que añaden numerosas originalidades a los personajes. Como decía más arriba, la princesa de Éboli ofrece la imagen de la mujer que la Historia ha dejado de ella, especialmente a partir del Proceso Criminal contra Antonio Pérez de la década de 1580. Su historia con Antonio Pérez (aquí se nos cuenta una de las posibles soluciones al misterio del cautiverio de doña Ana) está maravillosamente bien contada, añadiendo muchas de las anécdotas de la vida de la Princesa, un fondo de intrigas políticas y una historia de pasiones en la que queda bien patente uno de los rasgos más incomprendidos de la princesa de Éboli una vez viuda de Ruy Gómez de Silva en 1573: su condición de madre preocupada por sus hijos y la de mujer libre con el perfecto derecho para poder hacer con su vida lo que le gustara.
La historia de amor entre Damiana (Blanca Jara) y el alguacil Espinosa (Jürgen Prochnow) está perfectamente hilada e integrada en la película, de suerte que sirve de trasfondo al resto de la narración. Es una de las partes que más me ha gustado. Para nada se trata de algo forzado, en absoluto. Los dos están geniales.
Curiosamente, Mateo Vázquez (Jordi Mollá) aquí aparece como héroe, cuando en realidad la Historia no ofrece ningún argumento que demuestre que este religioso fuera un santo. Sin embargo, sí me ha gustado el papel de Juana Coello (Rosana Pastor) en el que, por fin, se recupera la imagen de mujer entregada y fiel a su esposo (Antonio Pérez) a pesar de haber sido vilipendiada por éste. Una hechura perfecta de abnegación de la que hizo gala esta grandísima mujer hasta el final de sus días. Rosana Pastor, genial.
Felipe II (Juanjo Puigcorbé), que para mí es uno de los mejores, nos propone un Felipe II que huye de la ambigüedad que normalmente le ha otorgado la Historia. Aquí es un hombre duro, divertido y que sabe perfectamente cómo reaccionar en cada momento ante los problemas, después de ser aconsejado por sus dos hombres de confianza, Antonio Pérez y el duque de Alba (Fabio Testi) a quien, por cierto, el papel le va que ni pintado.
La música de Alejandro Vivas es una verdadera preciosidad, así como el diseño de los trajes y la fotografía en general. Antonio del Real ha sabido sacar a los exteriores (El Escorial y otros lugares de Madrid, Jaén, Toledo, el Algarbe portugués, etc.) su máximo partido. La reconstrucción de las escenas (vestidos, ambientación, etc.) hace que te sumerjas en una máquina del tiempo hasta el siglo XVI. Todo condimentado con dosis perfectamente medidas de acción, aventura, romance, tensión y humor, forman un equilibrio espectacular con un ritmo trepidante desde el principio hasta el final.
No hay que dejar pasar la oportunidad desde el día 5 de septiembre de 2008 para ir al cine y verla con toda su calidad en una pantalla enorme.


© Nacho Ares 2008