Egipto
CUIDEMOS EGIPTO es un proyecto cuyo objetivo único es concienciar a los visitantes de este país para que respeten y cuiden su rico patrimonio histórico y monumental.
La proliferación del turismo en Egipto durante los últimos años ha tenido grandes beneficios para el país al mismo tiempo que ha supuesto una degradación en los monumentos que se visitan. CUIDEMOS EGIPTO cree que ambas cosas no tienen que ser incompatibles. Todos podemos disfrutar del patrimonio al mismo tiempo de que los cuidamos. Solamente hay que saber tratar a los monumentos, respetarlos, y tener unas nociones básicas sobre cómo actuar en determinadas situaciones durante las visitas a los templos, tumbas y museos de Egipto.
Entendemos que el acondicionamiento del vastísimo patrimonio egipcio para poder ser visitado por los millones de personas que cada año se acercan a Egipto es en la actualidad un proyecto lento y caro en el que el gobierno egipcio está esforzándose con la ayuda de diferentes instituciones internacionales. No obstante, sin que sirva de sustituto, sino como una simple actuación temporal, y mientras se van realizando los acondicionamientos necesarios, es posible educar a los visitantes para mantener vivo el esplendor de los monumentos durante muchos miles de años más.
Desgraciadamente, el riesgo de deterioro de superficies y estructuras es grande. Luchar contra ello es el espíritu de trabajo del proyecto CUIDEMOS EGIPTO.
En este sentido, los guías y las agencias locales desempeñan un papel muy importante en la concienciación de las personas que viajen bajo su responsabilidad. Ellos tienen que ser los primeros en dar el ejemplo y en hacer ver a los turistas la importancia que tiene la conservación del patrimonio arqueológico e histórico de Egipto.
CUIDEMOS EGIPTO pretende únicamente dar a conocer
al visitante los inconvenientes que acarrean una serie de comportamientos,
aportando así una serie de normas de actuación muy sencillas
y de fácil puesta en práctica:
No utilizar el flash en el interior de tumbas y museos.
No tocar relieves ni acercarse a ellos en exceso.
Estas dos normas básicas implican el cumplimiento de otras también
muy sencillas:
Llevar siempre las mochilas y las bolsas delante del cuerpo para evitar rozaduras con las paredes en lugares angostos.
Intentar que los visitantes accedan al interior de recintos pequeños,
como tumbas y pirámides, con mascarillas para evitar la humidificación
del ambiente.
Evitar y denunciar cualquier clase de acto vandálico.
Acción destructiva de la humedad:
Cada
turista que accede al interior de una tumba o pirámide deja en el ambiente
del edificio una media de 20 gramos de vapor de agua producido por la respiración
elevando los niveles normales de humedad dentro de la pirámide o tumba.
Esta humedad queda adherida a la roca de las paredes. En el caso de paredes
desnudas, el agua genera grietas en el monumento y desconchones en las superficies
de los relieves. Por su parte, en los monumentos con pinturas murales, normalmente
realizadas sobre piedra caliza, el agua puede actuar de dos formas. Por un
lado existe el peligro de la aparición de microorganismos, normalmente
hongos, que terminan por devorar las imágenes. Uno de los casos más
conocidos es la tumba de Tutankhamón en el Valle de los Reyes de Luxor,
en donde la proliferación de estos hongos en las pinturas de la Cámara
Funeraria ha provocado la pérdida de grandes partes de su decoración.
Por otra parte, la humedad también crea entre la roca
y la pintura cristales de sal que van desprendiendo las pinturas. El caso
más sangrante conocido hasta la fecha ha sido el de la tumba de la
reina Nefertari, en el Valle de las Reinas de Luxor. Mientras la humedad media
en una tumba convencional aumenta después de un día de visitas
en un 30 por ciento, nivel estipulado dentro de lo “normal”, en
la tumba de Nefertari, los cientos de turistas que la visitaban a diario hasta
su cierre a principios de los 90, hacían ascender la humedad al 100
por ciento. Esta circunstancia provocó que, junto al propio cambio
climático sufrido por la tumba tras su descubrimiento en 1904, la humedad
formara cristales de sal bajo sus pinturas, desprendiéndolas de manera
irreversible. Tras una breve apertura después de casi una década
de restauración a cargo de la fundación Paul Getty, la tumba
se cerró definitivamente en 2003.

© The Getty Conservation Institute
En la imagen superior podemos ver el estado de la tumba de Nefertari antes de su restauración (a la izquierda) con los cristales de sal emergiendo en la zona inferior de la cabeza y desprendiendo en el rostro grandes partes de pintura. A la derecha, podemos ver el resultado final de la restauración con la recuperación del rostro y la corona, aunque el collar se ha perdido para siempre por el efecto de la humedad.
Acción destructiva de la luz del flash:
Las pinturas de las tumbas son pinturas al agua, muy frágiles, realizadas con elementos orgánicos. Estas pinturas, muy sensibles a la luz, absorben la del flash de las cámaras fotográficas transformando su estructura molecular. De esta forma, pierden la intensidad de sus colores originales. No es un cambio instantáneo, sino que la exposición continuada a los destellos de las cámaras degrada de forma paulatina e irreversible, la estructura molecular original de los colores. Por ello, la luz del flash blanquea los colores de las pinturas, consiguiendo el mismo resultado que se da con una revista que está expuesta al Sol durante mucho tiempo. Además, una fotografía nunca alcanza la realidad de los colores originales de una pintura mural. Es mejor comprar una postal y respetar el monumento para las generaciones futuras.

En la imagen podemos ver un detalle del grupo de jóvenes con instrumentos musicales de la tumba de Nakht en el que en los últimos años la pintura ha sufrido daños irreversibles por el exceso de luz y visitantes. Por ejemplo, las pupilas de las jóvenes se han perdido para siempre.
Acción destructiva del contacto con los monumentos:
Al tocar una escultura, un relieve o una pintura, nuestros dedos dejan sobre la superficie del monumento una capa de grasa. Ésta, sumada a la de los miles de personas que hacen lo mismo con el paso del tiempo, acaba ennegreciendo la superficie de la piedra, por ejemplo, deteriorando y afeando su aspecto original. Incluso las simples camisetas pueden erosionar y deteriorar para siempre la superficie de un relieve o una pintura. Nunca hay que apoyar la cabeza sobre una pintura. La capa de grasa que se deposita en su superficie dañará la pintura de la pared.

No hay más que ver el aspecto actual de esta halcón Horus (arriba, a la izquierda), conservado en el templo de Edfu. Su ala derecha, envuelta en el círculo, cuenta con una capa oscura producida por la grasa depositada por los miles de turistas que se acercan al pájaro sagrado para hacerse una fotografía junto a él. Lo mismo sucede con la célebre estatua de la diosa Sekhmet del templo de Karnak (arriba a la derecha).

En el templo de Kom Ombo las cabezas de los relieves de los
prisioneros que se encuentran a ambos lados del monumento son manoseados por
miles de turistas, continuando así la creencia de una antigua tradición
según la cual una persona podía deshacerse de sus enfermedades
transmitiéndoselas a un enemigo con sólo tocar una representación
de éste.
No tirar desperdicios en las zonas monumentales

Parece algo obvio, pero cualquier que pasee por las zonas arqueológicas puede encontrarse cientos de fragmentos de cerámica antigua compartiendo espacio con basuras arrojadas por turistas y cuidadores. En un clima tan seco como el que se vive en egipcio, este tipo de desperdicios puede permanecer en el lugar durante siglos. Abajo podemos ver la entrada norte a la pirámide escalonada de Zoser en Sakkara, repleta de basuras depositadas allí por visitantes y cuidadores.
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