Los tesoros perdidos de Tutankhamón

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Artículo actualizado y originalmente publicado en mi libro Tutankhamón. El último hijo del sol (Oberon 2002)

Desde que fuera descubierta la tumba de este faraón en 1922, más de cuarenta piezas del tesoro de Tutankhamón han conseguido salir de Egipto. Unas reposan en museos de Estados Unidos y a otras se le ha perdido la pista. Una historia apasionante que mezcla la arqueología con complicadas herencias y la posterior trama de anticuarios desatada a su alrededor.
A pesar del tiempo transcurr    06tesoros_nacho-ares ido desde el descubrimiento de la tumba de Tutankhamón, todavía quedan muchos enigmas pendientes alrededor de la KV 62, nombre que recibe esta tumba según el catálogo del valle.
En las últimas fechas se especula con la aparición de dos nuevas habitaciones conectadas a la Cámara Sepulcral del Faraón Niño. Pero no se trata de los únicos tesoros desconocidos de Tutankhamón.
Tuvieron que transcurrir más de cinco décadas para que se conociera la verdadera historia. Siempre se había pensado que el 26 de noviembre de 1922 Howard Carter, lord Carnarvon, su hija Evelyn Herbert, y el también arqueólogo Arthur Callender, después de varios días de trabajo vaciando el pasillo de acceso a la tumba, lograban entrar en la antecámara. Carter perforó un agujero en la pared sellada y echó un vistazo al interior. Su rostro se palideció y la voz se le entrecortó. Carnarvon, impaciente por conocer qué veía su compañero, le inquirió: “¡Carter! ¿Ve usted algo?” Fue entonces cuando el arqueólogo, cegado por los destellos de oro que se abrían paso ante su mirada, solamente pudo decir la célebre frase “Sí. Cosas maravillosas. ¡Cosas maravillosas!”
Y todos pensaron que abandonaron el lugar hasta el día siguiente, día en el que, acompañados por los inspectores del Servicio de Antigüedades, accedieron al interior de la tumba. Pero no fue así.

“El reparto secreto”

El egiptólogo que sacó a la luz el ya fallecido Thomas Hoving, del Metropolitan de Nueva York. Después de estudiar las cartas que componían la correspondencia entre Carter y Carnarvon con los miembros de la excavación que pertenecían al museo americano, Hoving descubrió una historia alucinante. Él la describe como “uno de los secretos mejor guardados en la historia de la egiptología”. Y la verdad es que no le falta razón.
De las cartas se deducía que esa misma noche los arqueólogos volvieron a hurtadillas a la tumba. Entraron en ella y alcanzaron incluso la cámara funeraria en donde descansaban los restos de Tutankhamón.
Hoy día nadie niega esta evidencia. Incluso se entiende como algo lógico y humano. Pero siempre se tuvo la sospecha de que en esa avanzadilla, Carter y los suyos pudieran haber cogido alguna pieza de la tumba a espaldas de las autoridades egipcias.
Hoving siguió las pistas que le ofrecían las cartas y llegó a una conclusión sorprendente. En su libro Tutankhamun. The Untold Story, (New York 1978) el antiguo director del Metropolitan de Nueva York habla de un claro “reparto secreto” de algunas de las piezas procedentes de la tumba, muchas de las cuales, seguramente, procedían de la entrada en aquella noche de noviembre.
La mayor parte de las piezas se encuentran en el propio Metropolitan Museum de Nueva York. Son en total 27 objetos de procedencia variada, principalmente de las colecciones privadas de Carter y Carnarvon vendidas tras la muerte de éstos.
Un primer grupo de objetos era en su mayoría simples analíticas. Esto es, muestras de materiales de diferentes objetos de la tumba para que fueran analizados en los laboratorios del museo. Muchas de ellas han sido devueltas recientemente a Egipto y se pueden ver en la sala07tesoros_nacho-ares del tesoro de Tutankhamón. En este sentido Hoving menciona otras nueve piezas cuya importancia es más significativa: dos anillos de fayenza; dos clavos de plata del segundo ataúd; dos clavos más, esta vez de oro, del tercer ataúd; una roseta de bronce dorado del paño que cubría las dos primeras capillas funerarias; un collar de fayenza azul; y un magnífico perrito de bronce.
El paquete más importante está compuesto por diez piezas de una calidad extraordinaria, inventariadas en el Metropolitan como objetos “posiblemente procedentes de la tumba de Tutankhamón, pero imposibles de identificar en la lista de Carter”. Entre ellos destacan un anillo de oro con el nombre de Tutankhamón; un fragmento de un mango de oro de un cetro; dos cajas de cosméticos con representaciones de unos patos de marfil; un juguete de un perro de marfil con la mandíbula articulada; una jarrita de perfume de alabastro de 7,5 centímetros de altura decorada con figuras de sirvientas; dos paletas de escritura; un caballo brincando de marfil pintado; y una gacela de marfil.
No lejos del corazón de la Gran Manzana, en Brooklyn, también encontramos cuatro hermosas piezas asociadas con Howard Carter y la tumba de Tutankhamón. La primera joya de la colección es una figura femenina de marfil sustentada por una base de fayenza; un gran collar en fayenza; una cucharilla de marfil para ungüentos; y un vasito de cristal azul. Todo este primer grupo procedía de la herencia de Howard Carter cuya colección privada fue vendida por su sobrina Phyllis Walker.
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Otra pieza del Museo de Brooklyn que en este caso procede de una donación de la Colección Guennol realizada en 1947, es un magnífico saltamontes de marfil. También procede de la colección privada de Carter, aunque fue adquirida por un anticuario neoyorkino, Joseph Brummer, quien a su vez se la vendió a dicha colección.
Otros museos de Estados Unidos también poseen piezas procedentes de la KV 62. El Museo de Arte de Cleveland, al noreste de Ohio, compró a mediados de los años 70 una pieza interesante. Se trataba de un amuleto de un gato hecho en hematita oscura procedente de la KV 62. La William Rockhill Nelson Art Gallery, en Kansas City, conserva varios fragmentos de oro de un collar procedente de la tumba de Tutankhamón. Finalmente el Cincinnati Art Museum acoge una de las piezas más insólitas. Se trata de un pantera de bronce con ojos de cristal en actitud acechante, con la cola levantada y la cabeza vuelta hacia un lado. Al igual que otros objetos, provenía de la colección de Carter y muy posiblemente se hallara en la cámara funeraria de la tumba.

Tesoros recuperados

El tráfico de antigüedades en Egipto es algo que está a la orden del día incluso en las esferas más altas del gobierno. Algunas piezas del tesoro de Tutankhamón pudieron recuperarse con el paso de los meses o de los años. Uno de los casos más curiosos es el suceso ocurrido con la polémica caja de vino de la Fortnun & Mason en donde apareció la magnífica cabeza de Tutankhamón de madera estucada saliendo de una flor de loto y que fue descubierta por los inspectores egipcios, sin ningún tipo de referencia, ni catalogación en la antecámara de la tumba.
Howard Carter explicó que esta magnífica cabeza de 30 centímetros de altura no había sido inventariada por las prisas, pero que efectivamente apareció en la antecámara. Si observamos cualquier reconstrucción del aspecto de la KV62 tal y como apareció en noviembre de 1922, observaremos que la cabeza en cuestión se ubica efectivamente en la antecámara, frente al lecho funerario con cabezas de vaca Hathor. Sin embargo, si nos fijamos en los dibujos hechos por los dibujantes Walter Hauser y Lindsley Foote Hall, así como las excelentes fotografías de Harry Burton, la cabeza no aparece por ningún sitio.
Lo mismo sucedió con la famosa cajita doble en forma de cartuchos coronados con las plumas de Amón, en los que aparecía la representación de varios personajes sentados. Se trata de un pieza de oro extraordinaria cuyas medidas son 16 cm de altura, 8,8 cm de anchura y 4,3 de profundidad (Carter 240BIS). Fue utilizada para albergar cosméticos y según Carter apareció en el interior de uno de los sarcófagos, en la cámara funeraria.
Nada tendría de extraño esta hermosa caja de perfumes si no fuera por un sutil detalle. Cuando Carter afirmó que había aparecido en el interior de uno de los sarcófagos, más de uno se hizo esta pregunta. Si es así ¿cómo es que la caja estaba sobre la mesa del despacho de Carter en su casa del Valle de los Reyes, a los pocos días de que la tumba fuera descubierta? Si realmente apareció en la cámara funeraria, tal y como así fue, no tendría que haber sido vista hasta pasado el mes de febrero de 1923. Una vez más, Carter iba dejando pruebas de su furtiva entrada a la tumba esa excitante noche del 23 de noviembre de 1922.
Además de estas piezas hay que mencionar otra media docena de ellas hoy recuperadas por el Museo de El Cairo. La primera es un adorno de oro procedente de un broche en el que aparece Tutankhamón lanzándose en su carro de guerra. El objeto procede de un regalo hecho por lord Carnarvon al rey de Egipto Fuad (1868-1936). En 1952, el hijo de éste, el entonces rey Faruk (1920-1965) se lo devolvió al país antes de abdicar y marchar para Mónaco.
El mismo Faruk parece haber sido la vía de devolución de otro puñado de piezas, cuatro o cinco anillos de oro y fayenza, que salieron de Egipto hacia Inglaterra. Más tarde se devolvieron gracias al gesto de la sobrina de Carter. Al parecer, cuando Phyllis Walker descubrió tras la muerte de Carter en 1939 que estos anillos llevaban el nombre de Tutankhamón, se los envió inmediatamente a Faruk.

Posibles tesoros

Existen algunas piezas que sin lugar a dudas proceden de la tumba de Tutankhamón. Es el caso del shabti de fayenza de color blanco que04tesoros_nacho-areshoy se puede ver en el Museo del Louvre con el nombre del Faraón Niño. Al parecer fue un regalo de Carter a su médico personal. Tras su muerte los herederos se deshicieron de él y acabó en el museo francés en donde hoy lo podemos ver. Del mismo modo, cuando el rey Alberto de Bélgica visitó la tumba en mayo de 1930 recibió algunos regalos que hoy se pueden ver en los Museos Reales de Historia y Arte de Bruselas. Se trata de algunos amuletos en forma de azadones y un fragmento del lino que cubría las capillas doradas de la cámara funeraria.
Hay otras piezas que se han identificado sin tener una confirmación  definitiva, con la tumba de 02tesoros_nacho-aresTutankhamón. Así está por ejemplo, un mascarón de madera hoy en el Museo del Louvre (imagen que sirve de portada de este artículo) y, sobre todo, algunas de las joyas más importantes del Metropolitan de Nueva York, ya mencionadas más arriba como un mango de látigo de marfil en forma de caballo, el juguete de un perro que mueve la boca y una delicada figura de una gacela. Como decía, la documentación los relaciona directamente con Lord Carnarvon y de una maneraindirecta con la tumba. Parece evidente, aunque no hay textos que lo confirmen de manera definitiva sobre las piezas.

El tesoro de Highclere

En 1988 la prensa de todo el mundo se hizo eco de una noticia estremecedora. Realizando el inventario de algunas piezas arqueológicas en el castillo de Highclere, propiedad de lord Carnarvon, aparecieron en dobles fondos de las paredes algunas piezas egipcias de cuya existencia se habían olvidado para siempre todos los miembros de la casa a excepción de uno de los mayordomos. Esta historia que parece de película, sucedió en la primavera del año 1988. Sirvió para volver a hablar de Tutankhamón y cómo no, de la controvertida maldición que siempre rodeó a la figura del Quinto Conde de Carnarvon y al Faraón Niño. Pero en Highclere nadie se acordaba de esas piezas egipcias porque tras la muerte del conde en 1923, parece que todo vestigio egipcio se quiso cubrir con el insondable velo del olvido. Y el tiempo hizo el resto.
La mayor parte de la prensa, desinformada, habló del descubrimiento de los tesoros perdidos de Tutankhamón. Sin embargo, todas las piezas que aparecieron en Highclere detrás de paredes falsas, al mejor estilo de las películas británicas de terror, eran realmente fragmentos de figuras y vasos de época saíta y ptolemaica, y algún trozo de la dinastía XVIII, del período de Amenofis III o posterior. Pues bien, es imposible que en el castillo mansión de los Carnarvon apareciera algo de Tutankhamón, por la sencilla razón de que todo lo que tenían de este rey ya había sido vendido hacía mucho tiempo.
A estos tesoros perdidos habría que añadir los desaparecidos o dañados después del asalto al Museo de El Cairo en enero de 2011. Para más datos sobre este tema, podéis leer este artículo.

(c) 2016

 

 

2 Comments

  1. César

    Publicado el 13 de noviembre de 2016 en 23:27

    He leído tus últimas novelas «La tumba perdida» hace horas y « El sueño de los faraones» este verano.Te doy la enhorabuena por tu destreza literaria.Eres el Christian Jacq español, si me lo permites.
    Ramses y Sinuhe son el nombre de mis hijos, ya puedes suponer lo que admiro y amo lo relacionado con Egipto.Gracias por la afinidad que nos apasiona.
    Un saludo.

  2. Nacho Ares

    Publicado el 14 de noviembre de 2016 en 10:51

    Hola César! Muchas gracias por tus comentarios. Se te ve una persona entregada y apasionada por el antiguo Egipto! Un abrazo

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