Imhotep: visir, arquitecto y dios

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Publicado en Misterios de la Arqueología nº 9, junio 1997.

Sobre la región de Sakkara, a unos 15 kilómetros al sur de El Cairo moderno, se levanta, imponente, el recinto funerario del faraón Zoser de la III dinastía (2.630-2.611 a. C.). Su pirámide escalonada es considerada por los egiptólogos como el primer ejemplo notable de construcción en piedra de la historia de Egipto y quién sabe si el primer paso hacia la propia pirámide de caras lisas. Todo ello fue obra de un sólo hombre, Imhotep, “El que Viene en Paz”.

Visir del faraón Zoser, Príncipe Heredero, Inspector de todo lo que el Cielo trae, Gran Sacerdote de Heliópolis, Maestro de Obras, Maestro escultor, Patrón de los escribas, Hijo de Ptah y de una mujer de nombre Kkreduankh, Astrónomo, Médico, entre otros muchos cargos y títulos, ése fue Imhotep, un personaje fantástico y sorprendente que vivió hace más de cuatro mil quinientos años.
A lo largo de la dilatada historia del antiguo Egipto, fueron muy pocos los mortales de a pie los seleccionados para ocupar un lugar de renombre en el nutrido panteón egipcio compuesto por más de tres mil divinidades. Junto a Imhotep, también deberíamos mencionar al sabio Amenhotep Hijo de Hapu, por su vertiginoso ascenso al grupo de las divinidades más destacadas, después de tener una ajetreada vida terrenal como arquitecto, cortesano e instructor particular de Amenofis III.
Sin embargo, nadie superó la celebridad de Imhotep, especialmente en época grecorromana, fama que a lo largo de la historia de Egipto se extendió de norte a sur del valle del Nilo.
A él se le atribuían el origen de la cultura egipcia y todos los inventos de renombre de esta civilización, como las pirámides o el calendario de trescientos sesenta y cinco días que todavía utilizamos hoy. Entre el mito y la realidad, el sabio Imhotep parece navegar en un aura de misterio, refrendada por las pruebas arqueológicas y documentales, que han demostrado que este hombre realmente estuvo fuera del común de los mortales; muy cerca de la divinidad.

El gran arquitecto

imhotep02-nacho_aresEn la Historia escrita por el sacerdote grecoegipcio Manetón para el rey Ptolomeo II (ca. III a. C.) y conservada únicamente a través de varios fragmentos de autores posteriores, se hace una pequeña pero significativa alusión a Imhotep. “En su reinado -el de Zoser- vivió Imuthes -versión griega de Imhotep- que por su pericia como médico tiene la reputación de Asclepio entre los egipcios, también, fue el inventor del arte de construir con piedra labrada. Además también se dedicó a la literatura.” (Man.Hist. Fr. 11).
Aunque no se haga ninguna alusión a su divinidad, hecho del que tenemos sobrada constancia por el contenido de otras fuentes documentales, resulta muy significativa la simple mención en sí misma, adjudicándole ciertos poderes como mago o sanador y dándole el título de inventor de la arquitectura con piedra.
A ciencia cierta, resulta muy complicado discernir entre aquellos elementos biográficos que pueden resultar fantasiosos y los que puedan ser reales. Pero, sin lugar a dudas, la propagación de este hombre en la cultura egipcia nos hace sospechar, al menos, que nos encontramos ante una excepcional mente privilegiada a quien, quizás, el mundo de los faraones se le quedó pequeño para sus pretensiones intelectuales.
Si bien, en un primer momento se dudó del testimonio de Manetón ya que no existían pruebas evidenciales que vincularan a Imhotep con Zoser, la excavación del complejo funerario de este faraón en Sakkara, durante la campaña de 1.925-1.926, dio al traste con los rumores convirtiéndolos en hechos probados. En la entrada del recinto, apareció una estatua en caliza de Zoser con el nombre de Imhotep escrito en su pedestal. Otros descubrimientos arqueológicos posteriores, confirmaron que Imhotep realmente había construido el recinto funerario de Zoser en Sakkara, tal y como había dejado entrever Manetón.
El origen de Imhotep es bastante oscuro. Ciertos autores lo vinculan a la alta aristocracia de la época, afirmando que era hijo de otro arquitecto que llevaba por nombre Kanofer, mientras otros investigadores defienden la posibilidad de que se tratara de un personaje ascendido de la clase más humilde, en donde destacaba por sus extraordinarias dotes. Si bien este último hecho puede parecer insólito en una sociedad tan cerrada como aparentaba ser la egipcia, esta circunstancia se dio en más de una ocasión. Contamos con innumerables casos de individuos que partiendo de un origen muy humilde consiguieron escalar varios peldaños hasta llegar a desempeñar altos cargos en la administración o la cultura del país. Imhotep en este caso podría ser uno de ellos.

La necrópolis de Sakkara

Muy cerca de la antigua capital Menfis, se encuentra el complejo funerario del faraón Zoser (III dinastía) en Sakkara, diseñado enteramente por el arquitecto y sacerdote de Heliópolis, Imhotep. La singularidad de este recinto, lo convirtió, incluso durante el Imperio Antiguo egipcio, en un espejo arquitectónico al que todos intentaron emular. En nuestros días ha sido estudiado durante una vida entera por el egiptólogo francés Jean Ph. Lauer.
imhotep03-nacho_aresTodo el complejo está rodeado por un grueso muro de casi 10 metros de altura a lo largo de poco más de 1.500 metros. La decoración de este muro recuerda el aspecto exterior que debieron de tener las fachadas de los palacios de la época. En este recinto de más de 150.000 metros cuadrados, Imhotep dispuso varios edificios según la tónica dominante de la época. Sin embargo, todos ellos destacaban a la vez por ser la primera gran construcción enteramente erigida en piedra de la historia de Egipto.
De entre todo el conjunto destaca, sobremanera, la pirámide escalonada. Habiendo sido en origen una gran mastaba sobre la que Imhotep tuvo la genial idea de construir cinco pisos de piedra más, consiguiendo así una pirámide de seis pisos, mide de lado 123,30 metros por 107,40 y tiene una altura de 59,93 metros. Tradicionalmente es considerada como el antecedente más inmediato de la pirámide de Keops en Gizeh, aunque este último punto no puede constatarse a ciencia cierta, ya que la Gran Pirámide podría ser más antigua de lo que hasta ahora se nos ha dicho.
Junto a la pirámide escalonada se encuentra el patio del serdab, recinto en donde apareció la célebre estatua en caliza policromada del faraón Zoser, colocada actualmente ante la puerta de entrada al Museo Egipcio de El Cairo y que también reproducimos en estas páginas.
Al recinto se accede por un pórtico construido con grandes columnas. Frente a la entrada se encuentra el célebre patio de las cobras, en donde destaca una bellísima cornisa decorada con un friso de estos reptiles, símbolo por antonomasia del poder real en el Egipto faraónico.
A la derecha de la entrada se encuentra el patio del Heb Sed. Este era el lugar en donde el faraón realizaba los rituales mágicos de la renovación, recobrando así su poder físico y espiritual cada cierto tiempo -teóricamente treinta años- pudiendo continuar su reinado después del mismo, con total normalidad.
El último testimonio histórico de Imhotep conservado hasta nuestros días es un grafito realizado sobre una pared de la misteriosa pirámide de Sekhem-khet, sucesor de Zoser. Curiosamente, este monumento ha pasado a la historia de la Egiptología porque la cámara del sarcófago llegó hasta nosotros intacta y, sospechosamente, vacía de cualquier resto funerario. ¿Diseñó Imhotep, en esta ocasión, un sistema de enterramiento que ha conseguido burlar a los ladrones y a los propios arqueólogos modernos?

Imhotep dios

Durante el período ptolemaico -a partir del 332 a. C.- todas las construcciones religiosas egipcias siguen un mismo canon constructivo. El origen de estas normas estaban escritas, según cuentan los propios egipcios, en un manual de arquitectura que se suponía había caído del cielo en época de Imhotep y que éste había dado a conocer al resto de los mortales. De ahí vendría el enigmático cargo de Inspector de todo lo que el cielo trae, desempeñado por el propio sabio.
Sin embargo, el cargo más importante que desempeñó en vida y el que posiblemente le catapultó hasta el visirato de Zoser, fue el de Gran Sacerdote de Heliópolis, la ciudad del sol. Este centro cultual situado muy cerca de Menfis y que estaba dedicado al dios sol Re, experimenta en este período un acercamiento muy marcado a la esfera política, que tiene su máximo esplendor en las dinastías siguientes. La prueba más significativa de todo ello es el añadido que los faraones agregaron a su titulatura real, incorporando al quinto de sus nombres, el epígrafe de hijo de Re.
No cabe duda de que el principal instigador de este hecho fue el propio Imhotep quien, gracias a su acercamiento al faraón Zoser, en pocos años llegó a compaginar numerosos altos cargos en la administración egipcia.
Son relativamente numerosas las estatuillas de Imhotep que se han conservado hasta nuestros días. De pequeño tamaño y comúnmente realizadas en bronce, el material más en boga en la época ptolemaica, le representan como patrono de los escribas, uno de sus innumerables atributos, sentado sobre un asiento en forma de cubo, y abriendo sobre el regazo un rollo de papiro en el cual se dispone a escribir.
Su acercamiento al dios de las letras Thot, ya se observa en el Imperio Medio (ca. 2.000 a. C.). Una prueba clara de ello es el ritual que celebraban los escribas antes de disponerse a escribir cualquier texto sobre le papiro: derramaban unas gotas de agua de su paleta de colores, a modo de libación, en honor del sabio Imhotep. Habían pasado más de quinientos años desde su muerte, e Imhotep todavía permanecía en la mente de los egipcios.
Muy en relación con su faceta de escriba, están los textos sapienciales de Imhotep de los que, por desgracia, solamente tenemos referencias de su existencia a través de terceros. Sin embargo, no debían de distar mucho de otros textos egipcios similares como la Instrucción del rey Amenemhat I a su hijo Sesostris I, La enseñanza de Ptahotep, o La sátira de los oficios, todas ellas tendentes a inculcar en la persona una serie de valores muy definidos, de los que posteriormente, su expansión por todo el Mediterráneo oriental provocó que la misma Biblia hiciera acopio de un buen número de ellos.
Ya en época saíta (ca. 715 a. C.), momento en el que la cultura egipcia se vio inundada por infinidad de influencias extranjeras, los egipcios reclamaron la autenticidad de su pasado milenario, recobrando para el arte antiguos temas y estilos iconográficos. A partir de estos momentos, Imhotep, como gran héroe de la cultura egipcia, desempeña un papel muy destacado en la vida religiosa y cultural del país. Esta es la razón por la que algunos nobles elijan su morada de eternidad -el enterramiento- en la meseta de Sakkara, junto al complejo funerario de Zoser construido por Imhotep, en un intento de acercarse y participar de tradiciones ancestrales.
Con todo, la colonización cultural extranjera no pudo ser evitada de una forma radical, de manera que la cultura egipcia acabó siendo soterrada por el cosmos helenístico del Mediterráneo oriental. En este momento, los griegos identificaron a Imhotep con su semidiós de la medicina Asclepio, si no es que fue al revés, como ocurrió con tantas divinidades griegas. Con esta acepción, Imhotep recibió un culto muy profesado por las clases medias de la sociedad egipcia, siendo también ahora cuando se le enlaza con la genealogía divina haciéndole hijo del dios Ptah. Este dios representaba para la teología menfita la Creación en sí misma y todas las facetas que se le pudieran relacionar. Desde el punto de vista de la mentalidad egipcia todas las formas de creación estaban relacionadas con este dios, así pues, la escultura, la palabra, la arquitectura (de aquí también se puede deducir la labor constructiva de este sabio), etc. son variantes de una misma forma que fueron siendo aplicadas paulatinamente a la figura de Imhotep.

Himno a Imhotep

imhotep04-nacho_aresSon significativos los ejemplos epigráficos votivos que nos han llegado agradeciendo o demandando algún favor de tipo médico a Imhotep.
El templo más importante dedicado a Imhotep estaba al norte de Sakkara, con una capilla anexa al sudoeste del templo de Ptah en Menfis. También tuvo un pequeño espacio en el templo del dios Ptah en Karnak (Tebas), en donde existe un pequeño himno de alabanza a Imhotep, aludiendo sus poderes curativos. Aunque de época romana, es una prueba esclarecedora de la importancia que tuvo en el antiguo Egipto la deificación de algunos individuos mortales. Precisamente, que este himno haya aparecido en un templo tebano, muy lejos del origen cultual de Imhotep en Menfis, demuestra el grado de expansión del fervor por este arquitecto.
Te saludo, entrañable divinidad, ¡Imhotep hijo de Ptah! Ven a tu casa, tu templo en Tebas. Deja que la gente de esta ciudad se regocije viéndote. Recibe lo que te es presentado. Respira el incienso. Refresca tu cuerpo con una libación. (…) Los hombres te aplauden y las mujeres te veneran. ¡Uno y todos exaltan tu bondad! para que les cures, (para que) los recibas, (para que) renueves la creación hecha por sus padres. Te traen sus ofrendas. Traen para ti sus regalos. Te profieren sus alabanzas. Qué tú comas las ofrendas de pan. Qué tú ingieras la cerveza con tus hermanos, los viejos dioses, y alimenta a los espíritus rectos con tus sobras. (…) Traído para ti por tu hijo César Augusto (Tiberio).

Si, como hemos dicho anteriormente, es en la época saíta cuando a Imhotep se le atribuyen poderes curativos, en la época ptolemaica alcanza su máximo esplendor. En la isla de Agilkia se encuentran en la actualidad todos los templos construidos sobre la isla de File, hoy bajo las aguas de la presa de Aswan. Poseedora de la última inscripción jeroglífica conocida, datada en el 394 d. C., File albergaba varias construcciones, todas ellas de Época Baja, destacando especialmente el soberbio templo de la diosa Isis. Un poco al sur del fastuoso santuario de esta diosa se encuentra el de Imhotep, utilizado por los feligreses como lugar de peregrinación en busca de una cura milagrosa.

¿Dónde está enterrado Imhotep?

Actualmente se desconoce el lugar exacto en donde este sabio fue sepultado. Aunque son varias las expediciones que han intentado encontrar la última morada de Imhotep siguiendo, más o menos, una lógica arqueológica por la cual lo más probable es que su tumba se encuentre cerca de la necrópolis del faraón Zoser en Sakkara, los sondeos llevados a cabo en la zona han resultado, por ahora, infructuosos.
A mediados de los años sesenta, varias expediciones británicas excavaron la zona de Sakkara en busca de la tumba de Imhotep. Cerca de un complejo funerario de la III dinastía, hallaron un gran enterramiento de ibis (Ibeion), pájaro por excelencia vinculado al dios de los escribas Thot y por extensión, con el sabio Imhotep. Por cercanía es muy posible que la tumba de este erudito se encuentre en las inmediaciones, pero hasta el momento es lo único que sabemos.
El carácter mítico de Imhotep hace imaginar a la comunidad científica que su tumba pueda contener toda suerte de claves y referencias para poder resolver muchos de los problemas que plantea esta enigmática civilización, como el trabajo de las piedras duras como la diorita o el granito, la propia construcción de las pirámides, etc. La incertidumbre que rodea al hallazgo de la tumba de Imhotep ha sido incluso llevada a la literatura por el eslovaco Philipp Vandenberg en una excelente novela policíaca que lleva por título El complot de los faraones.
Era norma común en el antiguo Egipto que los arquitectos o artesanos se construyeran o decoraran sus propias tumbas. En este sentido, lo más probable es que habiendo sido Imhotep el constructor de la tumba real de Zoser, él mismo se hiciera construir su propia tumba; seguramente una construcción con un diseño novedoso, hecho que puede despistar a los modernos arqueólogos.
De aparecer intacta, caso extraño, seguramente nos encontraríamos ante un descubrimiento sin precedentes en la historia de la arqueología. Su valor histórico superaría, incluso, al grandioso hallazgo de la tumba de Tutankhamón. Sin embargo, la estadística nos dice que lo más probable es que la tumba, de aparecer, se encuentre totalmente saqueada, aunque no por ello pierda un ápice de su importancia. La decoración y escritura de las paredes proporcionaría, seguramente, una información muy valiosa para estudiar la importancia de Imhotep en su época.

© Nacho Ares 1997

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